18 de octubre de 2010

Debo reconocer que…

“Odio emplear la frase “Debo reconocer que”, porque implica una renuncia. Pero por una vez, y refocilándome en ello, la usaré para declarar solemnemente que debo reconocer que una canción de Serrat o Alejandro Sanz me vale por todas las óperas de Wagner, que un film de Tati o Stanley Donen es superior a toda la obra de Fellini, Misoguchi o Fassbinder. Que cualquier función -como él decía- de Miguel Mihura me vale por todo el teatro de Buero Vallejo o Alfonso Sastre juntos. Que entre Sondheim o Brukner me quedo, de lejos, con Sondheim, que entre Delacroix y Rosseau el Aduanero, elijo sin duda a Rosseau. Y que Fernán Gómez es, en el cine español, superior, incluso a Bardem y Berlanga, sus coetáneos y predecesores, y por supuesto, a todos los que han venido después. Sólo lo supera Luis Buñuel. Pero es que Luis Buñuel supera a todo el mundo.”

Jesús Franco en sus “Memorias del tío Jess” (Ed. Aguilar).

Déjà vu de los 17 años

Siguen las señales. Referencias a Audrey II por doquier y una de las puestas en escena más deslumbrantes que he visto nunca. Flashback a un lejano sábado de madrugada: Entre teletiendas y porno de tele local te topas con créditos de Rick Moranis y Steve Martin. La curiosidad decide por ti y caes de lleno en el Da-Doo. Te enamoras de la Audrey original y naturalmente matarías al dentista y tiempo al tiempo. Y si ahora ya todo eso es un déjà vu de ese primer impacto, es curioso comprobar como toda aquella trama ya era un primer déjà vu de ciertas escenas adolescentes presenciadas con anterioridad. Afortunadamente, le temps detruit tout y ahora sólo permanece aquel increíble musical con letras de Howard Ashman y Alan Menken.

Y en lugar de añadir más palabrería sólo puedo y debo añadir un vídeo, el vídeo: Skid Row (Downtown).
Little Shop of Horrors (1986) del gran Frank Oz.

12 de octubre de 2010

“Policromía” en Brigadoon: Festival Cinema Sitges 2010

10 del 10 del 2010. Una fecha señalada allí donde quedan las fechas señaladas. Muchas gracias a todos los que viajasteis en domingo a un lluvioso Sitges. Muchas gracias a todos los asistentes de la proyección: anónimos, amigos, colegas e incondicionales (que algunos hay).

A Gloria por su amable presentación y sus referencias a Val de Omar (!) y a Park Chan-Wook (!). Y naturalmente a R, él sabe por qué. Seguimos viajando a tres colores, sin un rumbo concreto, hasta que el blanco desaparezca, el rojo destiña y el verde se difumine.


4 de octubre de 2010

“Policromía” en el Festival de Cinema Sitges 2010

Domingo 10 de Octubre a las 15:00h, Proyección de Policromía en
Sitges 2010: Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya
Sección Brigadoon (Edificio Miramar). Entrada Gratuita. Te esperamos!

24 de septiembre de 2010

Mi pequeño encuentro con Curtis

Festival de Cinema Sitges 2003. Presento L de Lorena, una película sobre adolescentes infelices con mucho cacao mental y mucha tontería. Han sido dos años de rodaje furtivo acompañados de inolvidables sesiones de montaje junto a P. El entusiasmo es tal que tengo la poca vergüenza de dedicarle esos 90 minutos a: Ray Loriga, Charles Bukowski, Ingmar Bergman, John Hughes, Todd Solondz y Lukas Moodysson. Sin comentarios. Una tarde me topo con H y pide mi presencia para llenar Brigadoon, la sala que días antes ha estrenado mi demencial película. Al parecer, un veterano cineasta americano se dispone a presentar su último trabajo y la sala está casi vacía. Cada espectador cuenta. Entro encantado y ojeo el periódico del festival. Una vez informado, el bueno de H presenta al veterano cineasta americano y nos habla sobre Usher (2002), el mediometraje que estamos a punto de ver. Los ocho de la sala aplaudimos las palabras del viejo cineasta y se apagan las luces. Surge el nombre de Poe y aparece el cineasta con un doble papel como actor. 38 minutos después se encienden las luces y el público despeja la sala. Unos pocos se acercan al cineasta para felicitarle y pedirle un autógrafo. Vuelvo a ojear el periódico y busco un bolígrafo mientras el veterano cineasta se acerca al operador de vídeo para recoger su DVD. Luego camina hacia su acompañante, un joven rubio al que también me parece haber visto en la película, y se dispone a salir de la sala cuando le abordo. Le felicito y además de soltarle alguna tontería, le pido un autógrafo que acaba plasmando junto a un artículo que le reseña. Se despide con un Thank You Very Much y me sonríe de esa manera que sigo recordando hasta hoy. Su acompañante también me sonríe y los dos hombres salen de la sala para alejarse lentamente por el paseo marítimo. Se pone el sol y el tren me devuelve a casa. Pero no olvido a aquel señor. Días después me informo un poco más y descubro que aquel veterano cineasta es una vieja gloria del cine fantástico y experimental que ha rodado con Dennis Hopper, Simone Signoret, James Caan, Katharine Ross, Debbie Reynolds, Shelley Winters o Piper Laurie. Además de dirigir capítulos para Dinastía, The Twilight Zone y Los Ángeles de Charlie, o escribir ensayos sobre James Whale y Josef Von Sternberg. Esa tarde del Sitges 2003, aquel veterano cineasta tenía 77 años y presentaba en la sala Brigadoon su última película: producida, dirigida, escrita e interpretada por Curtis Harrington. En 2005 sufrió un derrame cerebral del que se nunca se recuperó completamente. Murió en 2007.

18 de septiembre de 2010

No pierdas la cabeza (con un Ferrari)

“Los productores europeos de películas integradas por cintas de varios directores lograron en la década de los sesenta la rara habilidad de hacer “su trabajo” sin contar con el arte. Un empresario elegía un tema porque estaba libre de derechos, abordaba a Orson Welles jurando que Visconti y Fellini habían aceptado contribuir con un episodio y, si Welles firmaba, lo utilizaba como cebo para atraer a Visconti y a Fellini. En el verano de 1967, un Fellini quizá menos precavido de lo habitual tras su enfermedad firmó un contrato con Raymond Eger, de Marceau Film, por el que tendría que realizar una adaptación a partir de siete narraciones de Edgar Allan Poe para una película cuyo título provisional era Tre passi nel delirio (Historias Extraordinarias). Welles y Bergman ya habían firmado, le contó Eger, así como Joseph Losey y Jean Renoir.

Fellini todavía no tenía nada decidido sobre Il viaggio, de modo que empezó con el trabajo preliminar para su episodio en otoño y convirtió además a Grimaldi en coproductor con Marceau. Pronto descubrió que Bergman no había aceptado nunca y que Welles, escaldado en ocasiones anteriores, se había retirado a tiempo. También lo hizo Renoir cuando descubrió que Claude Chabrol había reemplazado a Welles. Chabrol quería hacer la misma historia que Renoir y ya tenía un guión. Después también Chabrol acabó marchándose, para ser sustituido por Louis Malle y Roger Vadim, que decididamente, no alcanzaban la categoría de los anteriores. Fellini podría haber anulado el contrato legalmente, pero le pareció que un corto ayudaría “a encontrar mi propio ritmo natural de trabajo”, ya que llevaba dos años sin trabajar, y a sintonizar con nuevos colaboradores.”

Fragmento de “Fellini (John Baxter)” sobre Historias Extraordinarias (1968).

*Roger Vadim dirige el aburrido Metzengerstein a pesar de que Jane Fonda siempre alegra el plano. Le sigue Louis Malle con William Wilson, inquietante paranoia con Alain Delon y Brigitte Bardot. Pero como manda la tradición, el último capítulo será el mejor: Un arrebatado Terence Stamp revienta la noche con un Ferrari en el Toby Dammit de Fellini. En caso de poco tiempo (o poca paciencia) saltar los dos primeros capítulos y dejarse llevar por el delirio final de estas Historias Extraordinarias.

8 de septiembre de 2010

Marty del 55 (o las cosas que no cambian)

Te llamas Marty y tienes 34 años. Eres carnicero y todo tu entorno te recuerda que deberías casarte de una puta vez. Debería darte vergüenza, Marty!. Tu madre es una anciana a los 56 y tu tía es tan insoportable que el matrimonio de tu primo se está resintiendo de una vida entre susurros. Tendremos que echarla de casa, un matrimonio no debe vivir con la madre, ni con la suegra. Estamos en 1955 y hay que buscarse un plan para el sábado por la noche. Salgamos con los colegas, busquemos a unas chicas y bailemos con ellas. Si la cosa no funciona vayamos a ese local, tranquilos, uno de nosotros sabe como va el tema. O quizá no. Quizá conozcas a una chica aunque es poco probable que quiera bailar contigo. Pero vamos a darle un poco de color al asunto y coloquemos a esa chica en el sitio adecuado y en el momento adecuado. Es tímida como tú y tampoco encaja en las reglas del juego. La acompañas a su casa en autobús y tus colegas se sienten desplazados. Normalmente no sabrías mantener una conversación con el sexo femenino sin parecer bobo, pero por algún motivo esa noche sueltas un nervioso monólogo que ella soporta con silencio, educación o simple timidez. Os despedís y quedas en llamarla mañana, pero después de misa. Deberías esperar el autobús para regresar pero una desconocida alegría te inunda los pulmones. Golpeas la señal de la parada y vuelves a casa, primero corriendo y luego andando. Llega el domingo y deseas llamar a esa chica. Pero no todos van a compartir tu alegría. Tus amigos temen que les abandones y rajan de la chica. Tu madre teme que te marches con esa fulana y la abandones en casa: sola, todo el día. El entorno no te pone las cosas demasiado fáciles, Marty. En realidad tú sólo quieres vivir pero todos ellos sienten miedo. Miedo a la pérdida, que es lo que esconden todos los miedos. Pero si encuentras una cabina y llevas alguna moneda encima, quizá y solo quizá, quizá puedas empezar a vivir. Estamos en 1955 pero podría ocurrir ahora mismo. Y de hecho…

Marty (Delbert Mann, 1955). *Oscar a la mejor película + Palma de Oro en Cannes.

30 de agosto de 2010

El 17 es el número de la conspiración


“Dirigí una película independiente en 8 mm, fue un juego de muchachos…a los 17. Era una historia de policías y ladrones. Dos hombres que habían sido íntimos amigos son ahora un fugitivo y un policía enzarzados en una persecución. Corren sin cesar a lo largo de toda la película y mientras se van introduciendo flashbacks de su pasado”.

El policía (efímero cineasta) de Paprika (2006). Satoshi Kon (1963-2010)

24 de agosto de 2010

Por los cerros de Úbeda

“A mí sólo me interesan los artistas que se van por los cerros de Úbeda. A donde me llevan los otros ya puedo llegar yo solito”. Esta cita pertenece a don Tomás, mi profesor de arte de 2º de B.U.P., un sexagenario que muy probablemente no tenga ni idea que existen unos cineastas llamados, por ejemplo, Zulawski, Carax, De Palma, Gilliam o Von Trier, pero que con sus divertidas clases dedicadas a valorar la heterodoxia creativa, asfaltó, hace años, la autopista mental por la que más tarde transitaría mi gusto por los directores excesivos, caprichosos, libres…Por supuesto, Dario Argento es uno de ellos; toma si lo es.

No sé si muchos de ustedes tuvieron en su adolescencia profesores tan sanos mentalmente como don Tomás, gracias a los cuales, con el tiempo, llegaron a disfrutar con cineasta tan alejados del dogma clásico como Argento. Ahora bien, de lo que estoy casi seguro es que varios de los aquí llamados para glosar su obra nos habremos visto alguna vez en la tesitura de tener que defender algún trabajo suyo ante cinéfilos no demasiado cómplices con el estilo ni la manera (excesiva, caprichosa, libre…) de entender el medio del autor romano. Y es que lo habitual resulta que en círculos ortodoxo-neoclásicos, las etiquetas (aplicadas, claro está, de forma peyorativa) de exagerado, incoherente, vacío y gratuitamente esteticista salgan disparadas, cual dardos empapados en curare, al ser mencionado el nombre del sumo sacerdote del moderno terror italiano. No sé como se las arreglarán los demás, pero yo, cuando veo que no existe ni el menor atisbo de complicidad o entendimiento con un interlocutor particularmente hostil, trato de defenderme (de defender a Argento, vaya) rompiendo el asfixiante cerco academicista al que este tipo de analistas suelen someter a todo largometraje, primero, con la desconcertante frase de don Tomás y, a continuación, con un batiburrillo dialéctico cuyo inicio sería más o menos así: “Vale, puedes acusarle de todo eso, pero reconoce que en casi todas sus películas existe al menos un momento, una escena, un plano…que merece pasara a la historia del cine. Un instante que rompe, estética y narrativamente, con todo lo visto hasta entonces; un destello de libertad creativa en estado puro, de invención, de locura…una sensación que, para bien o para mal, sólo te podría proporcionar Dario Argento”.
Antonio Trashorras
Fragmento de su texto para “Profondo Argento”
(Varios autores, Ed. Paidós-Festival Cinema Sitges 1999)

19 de agosto de 2010

Verano de Western (4)

Sigo pensando que Grupo Salvaje (1969) contiene la frase más vacilona para empezar un film, y de paso remarcar el crédito del director: si alguien se mueve, mátalo!. Nunca he llegado a localizar las tumbas de Infierno de cobardes (1972) en las que hay escritos los nombres de Leone y Siegel, pero seguiremos buscando. La última vez que vi El jinete pálido (1985), reparé en que uno de los jóvenes villanos que atormentan al poblado había muerto recientemente. Su nombre era Chris Penn. Hace siglos que no veo Johnny Guitar (1954) pero las constantes alusiones de Carlos Boyero a sus míticas frases me recuerdan que debo repescarla en breve. Me encanta el uso de la música en el brutal tiroteo que provoca el Paul Newman de El juez de la horca (1972). Y me gustaría ver de una vez Los que no perdonan (1960) aunque el propio Huston se cague en Lancaster y en el propio film. Estamos en ello. Rubén Lardín me comenta que quizá sus western favoritos sean Pat Garrett y Billy The Kid (1973) y Duelo en Alta Sierra (1962). También me recomienda El Patrullero (1991) de Alex Cox y no dudo en que la veré en cuanto esté a tiro. Por cierto, quizá algún día veamos Tercio de Muerte, un western-con-toros filmado por Koldo Serra, escrito por Lardín y Joan Ripollés. Puede estar muy bien, reservo la entrada. Sigamos. Me agoto un poco al revisar Río Bravo (1959), film referencial para tantos y sobretodo para Carpenter en su estupendo asalto a la comisaría y sus fantasmas de marte. Así que me sigo quedando con la poderosa Angie Dickinson pero sin convencerme demasiado que se quiera tirar continuamente a John Wayne. Está claro que lo corneará con Ricky Nelson a la que el viejo vaquero se descuide. Resulta extraño comprobar que, aun sabiendo de sobras lo que ocurrirá, siga emocionado ante la escena final de Sin perdón (1992). Me encanta la estructura de Winchester 73 (1950) y aplaudo que en esa época no hubiera necesidad de epílogo: Mato al malo, recupero lo mío y fin y ya está, y no me expliques lo mucho que has aprendido de la vida sentado en un banco del parque. Esto se está alargando más de lo previsto y hablando de tiempo, siempre que hablan sobre “narración en tiempo real” sale a relucir la pionera Solo ante el peligro (1952), ese gran Zinnemann que nos recuerda una frase que iniciaba Sangre Fácil (1984): Nadie ayuda a nadie. Pero mejor que no acabemos esto así y recordemos al amigo Fuller y su definición del cine en esa burrada llama Pierrot el loco (1965): “Una película es como un campo de batalla. Hay AMOR, ODIO, ACCIÓN. En una palabra, EMOCIÓN”. Seguiremos emocionándonos. O al menos lo intentaremos.

Verano de Western (3)

Aunque he tenido algunos encuentros bastante satisfactorios, guardo en el cajón las indiscutibles de Ford y Hawks hasta que se me caiga el respeto y el miedo a verlas. Llegaran poco a poco y cuando tengan que llegar. De momento me divierto y me conformo con Sergio Leone, Sam Peckinpah y cualquier cosa que protagonice Eastwood. Me conformo con Leone ensayando en Por un puñado de dólares (1964), perfeccionando en La muerte tenía un precio (1965), consolidando la cosa en El bueno, el feo y el malo (1966) y llegando a la cima con Hasta que llegó su hora (1968). Aunque también hay un poco más. La tarde que hice la comunión emitían La conquista del Oeste (1962) por la tele, pero visto lo visto hubiera preferido aburrirme 4 horas con Ford y sus amigos. Después de seguir a los azucarados Butch y a Sundance durante todo el viaje, la imagen final de Dos hombres y un destino (1969) me sigue conmoviendo hasta el punto de llegar a ver su chunga-precuela con el gran héroe americano con revolver. Le quitaría minutos al Wyatt Earp (Lancaster) de Duelo de Titanes (1957) a cambio de que se los regalaran a Doc Holliday (Kirk Douglas). Todo lo contrario que en el estupendo y amplio Wyatt Earp (1994) de Kasdan y Costner en el que un Dennis Quaid como Holliday se me hace cansino. Y hablando de Kasdan, bonita tarde la de Silverado (1985) con ese mini grupo salvaje, salvaje pero menos. Lo de Lee Van Cleef agarrando una bala con la boca en Gran duelo al amanecer (1972) me recuerda a Terence Hill en aquel Superpoderoso del amigo Corbucci. Y creo que quizá podrían montar una película con tan sólo las apariciones de Van Cleef en el western y me seguiría fascinando ese señor de bigote con cara de eterno villano. Y volviendo a Corbucci, no puedo olvidar El gran silencio (1968) que compartieron el callado Trintignant y el siempre estupendo Kinski. Y que final más a la contra.

17 de agosto de 2010

Cuatro tardes con Sam Fuller




A Bayoneta Calada! (1951): La escena de las minas te corta la respiración. Grandes momentos en la cueva y un secundario que no desea el protagonismo. Casco de acero (1951): Gene Evans se come la pantalla. Nadie está a salvo, ni siquiera en un templo budista. Corredor sin retorno (1963): Un plan peligroso, compañeros pre-Cuco y un diluvio alucinante. Atención a las retro-pesadillas con la novia stripper. Uno rojo: División de choque (1980): Lee Marvin dirige el cotarro pero Mark Hamill no quiere asesinar. Ahh, en la guerra no se asesina, se mata. Emoción y muertes inesperadas en cada escena. A pesar del parto in-the-tank, fantástica de inicio a fin.

12 de agosto de 2010

Testigo felino presencia el acontecimiento


1961. Un gato llamado “gato” es abandonando en un callejón mientras su ama se aleja en taxi. A pesar de que los humanos regresan para recogerlo, el gato no olvida el agravio y acumula el rencor en sus genes. 18 años después, su tataranieto Jonesy presencia como una criatura empieza a eliminar a la raza humana, terminando así el rencor genético iniciado por el "gato" abandonado en la lluvia.

10 de agosto de 2010

Locura en contrapicado



Corredor sin retorno (Sam Fuller, 1963) + El Resplandor (Stanley Kubrick, 1980)

7 de agosto de 2010

Elige tus 10 películas favoritas: Encuesta de El País

El diario El País convocó la encuesta “100 artistas del cine hispanoamericano eligen las 100 películas que cambiaron su vida”. Me encantan estas listas a lo Alta Fidelidad, pero lo más aburrido de todo esto siempre es el previsible resultado final. En este caso, las 10 primeras elegidas no ofrecen sorpresas: 1) El Padrino. 2) El Apartamento, 3) Ciudadano Kane, 4) El Verdugo, 5) Con faldas y a lo loco, 6) Blade Runner, 7) Viridiana, 8) Lo que el viento se llevó, 9) Eva al desnudo, 10) Ladrón de bicicletas.

Aunque resulta muy divertido (curioso o alentador) observar algunas de las 10 elegidas por cada cineasta: Alejandro Amenábar (El club de la lucha), Guillermo Arriaga (La última película), Jaume Balagueró (Seven), J.A. Bayona (Superman, Fucking Amäl), Juan José Campanella (All that jazz), Borja Cobeaga (A propósito de Schmidt, Harold y Maude), Ricardo Darín (Jo, qué noche), Eduard Fernández (Deseando amar), Fernando León de Aranoa (Rufufú), Diego Luna (El gran Lebowski, Los Tenenbaum), Julio Medem (Rompiendo las olas), Daniel Monzón (La cosa), Gracia Querejeta (Un mundo perfecto), Nacho Ruiz Capillas (Clerks), Daniel Sánchez Arévalo (La gran evasión, Rocky), Nacho Vigalondo (Fitzcarraldo, Carretera perdida, La Jungla 3: La Venganza), Leonor Watling (This is spinal Tap), Benito Zambrano (The Commitments).

Pero el ranking más cachondo viene firmado por Santiago Segura: 1) El día de la bestia, 2) Obra maestra, 3) La niña de tus ojos, 4) Muertos de risa, 5) El gran Vázquez, 6) El asombroso mundo de Borja Mari y Pocholo, 7) Isi y disi, 8) Torrente, el brazo tonto de la ley, 9) Torrente 2, 10) Torrente 3.

6 de agosto de 2010

El cercano oeste (La película que nunca hizo Tarantino)

Habiendo abducido el género bélico en ‘Malditos bastardos’, Quentin Tarantino mira alrededor sin dejar de hablar (rápido, más rápido todavía) y decide que lo próximo a volar por los aires es “todo eso de los cowboys”. Enseguida se sabe que su nuevo proyecto se titulará ‘West’ y –en las ruedas de inversores de Cannes 2011– es promocionado por Tarantino como “el western definitivo” o “el western que acaba con todos los western anteriores” o “el western que terminará con la necesidad o los ganas de filmar otro western”. Y, por una vez, Tarantino no exagera y ‘West’ se lleva buena parte de los Oscar de 2013. Difícil que alguien no haya visto este filme de 24 horas de duración pero nadie me quitará el placer de una apretada sinopsis. ‘West’ es una ucronía vaquera que arranca con la siguiente premisa: el cine inventado por un emigrante chino en California en 1840. Enseguida, comienza a filmarse la vida día a día y, de pronto, ‘western’ protagonizados por los auténticos bandidos y ‘marshalls’. Jesse James, Bat Masterson, Billy The Kid, Wyatt Earp, los hermanos Dalton, Pat Garrett, Búfalo Bill, Butch Cassidy y el Sundance Kid son algunas de las primeras estrellas del nuevo medio. Los Pinkerton Kops –cayéndose de los caballos– se consagran como comediantes y Calamity Jane es la primer actriz dramática especializada en el arquetípico rol de “alcohólica de saloon”. Pero Tarantino no se conforma con esto y, con buena puntería, se proyecta al futuro y nos muestra “una especie de EEUU tolkienizados por el Western” donde habitan diferentes tribus estéticas y gangs estilísticos como los Ford, los Leone, los Peckinpahs, los Eastwood… ‘West’ termina en el año 1963 con el asesinato del alguacil Kennedy en Dallas. Tarantino ha anunciado una segunda parte que llegará hasta nuestros días con el ataque a las dos torres del banco de Manhattan por forajidos extranjeros y el nombramiento del primer ‘sheriff’ negro.

Rodrigo Fresán (Diario Público).

5 de agosto de 2010

4 de agosto de 2010

Rex in Peace



Adiós a esa moqueta roja, adiós a esos inquietantes lavabos, adiós al cine Rex (Barcelona).
La mejor y más coherente sala para ver los delirios de dos monstruos.

2 de agosto de 2010

Cruce de miradas adolescentes


Próximos cambios para unos buenos amigos: Supersalidos (Greg Mottola, 2007).

Lo que no puede ser no puede ser: El último americano virgen (Boaz Davidson, 1982).

Buscando la forma (de hacerlo)


Al final de la escapada (1960) cumple 50 años y nos sigue demostrando que no tener una dolly no es excusa para no salir a rodar tu película. Cuando quieras (puedas) y donde quieras (puedas).