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Sigo pensando que
Grupo Salvaje (1969) contiene la frase más vacilona para empezar un film, y de paso remarcar el crédito del director: si alguien se mueve, mátalo!. Nunca he llegado a localizar las tumbas de
Infierno de cobardes (1972) en las que hay escritos los nombres de
Leone y
Siegel, pero seguiremos buscando. La última vez que vi
El jinete pálido (1985), reparé en que uno de los jóvenes villanos que atormentan al poblado había muerto recientemente. Su nombre era
Chris Penn. Hace siglos que no veo
Johnny Guitar (1954) pero las constantes alusiones de
Carlos Boyero a sus míticas frases me recuerdan que debo repescarla en breve. Me encanta el uso de la música en el brutal tiroteo que provoca el
Paul Newman de
El juez de la horca (1972). Y me gustaría ver de una vez
Los que no perdonan (1960) aunque el propio
Huston se cague en
Lancaster y en el propio film. Estamos en ello.
Rubén Lardín me comenta que quizá sus western favoritos sean
Pat Garrett y Billy The Kid (1973) y
Duelo en Alta Sierra (1962). También me recomienda
El Patrullero (1991) de
Alex Cox y no dudo en que la veré en cuanto esté a tiro. Por cierto, quizá algún día veamos
Tercio de Muerte, un
western-con-toros filmado por
Koldo Serra, escrito por
Lardín y
Joan Ripollés. Puede estar muy bien, reservo la entrada. Sigamos. Me agoto un poco al revisar
Río Bravo (1959), film referencial para tantos y sobretodo para
Carpenter en su estupendo asalto a la comisaría y sus fantasmas de marte. Así que me sigo quedando con la poderosa
Angie Dickinson pero sin convencerme demasiado que se quiera tirar continuamente a
John Wayne. Está claro que lo corneará con
Ricky Nelson a la que el viejo vaquero se descuide. Resulta extraño comprobar que, aun sabiendo de sobras lo que ocurrirá, siga emocionado ante la escena final de
Sin perdón (1992). Me encanta la estructura de
Winchester 73 (1950) y aplaudo que en esa época no hubiera necesidad de epílogo: Mato al malo, recupero lo mío y fin y ya está, y no me expliques lo mucho que has aprendido de la vida sentado en un banco del parque. Esto se está alargando más de lo previsto y hablando de tiempo, siempre que hablan sobre “narración en tiempo real” sale a relucir la pionera
Solo ante el peligro (1952), ese gran
Zinnemann que nos recuerda una frase que iniciaba
Sangre Fácil (1984): Nadie ayuda a nadie. Pero mejor que no acabemos esto así y recordemos al amigo
Fuller y su definición del cine en esa burrada llama
Pierrot el loco (1965): “Una película es como un campo de batalla. Hay AMOR, ODIO, ACCIÓN. En una palabra, EMOCIÓN”. Seguiremos emocionándonos. O al menos lo intentaremos.