“Los productores europeos de películas integradas por cintas de varios directores lograron en la década de los sesenta la rara habilidad de hacer “su trabajo” sin contar con el arte. Un empresario elegía un tema porque estaba libre de derechos, abordaba a Orson Welles jurando que Visconti y Fellini habían aceptado contribuir con un episodio y, si Welles firmaba, lo utilizaba como cebo para atraer a Visconti y a Fellini. En el verano de 1967, un Fellini quizá menos precavido de lo habitual tras su enfermedad firmó un contrato con Raymond Eger, de Marceau Film, por el que tendría que realizar una adaptación a partir de siete narraciones de Edgar Allan Poe para una película cuyo título provisional era Tre passi nel delirio (Historias Extraordinarias). Welles y Bergman ya habían firmado, le contó Eger, así como Joseph Losey y Jean Renoir.Fellini todavía no tenía nada decidido sobre Il viaggio, de modo que empezó con el trabajo preliminar para su episodio en otoño y convirtió además a Grimaldi en coproductor con Marceau. Pronto descubrió que Bergman no había aceptado nunca y que Welles, escaldado en ocasiones anteriores, se había retirado a tiempo. También lo hizo Renoir cuando descubrió que Claude Chabrol había reemplazado a Welles. Chabrol quería hacer la misma historia que Renoir y ya tenía un guión. Después también Chabrol acabó marchándose, para ser sustituido por Louis Malle y Roger Vadim, que decididamente, no alcanzaban la categoría de los anteriores. Fellini podría haber anulado el contrato legalmente, pero le pareció que un corto ayudaría “a encontrar mi propio ritmo natural de trabajo”, ya que llevaba dos años sin trabajar, y a sintonizar con nuevos colaboradores.”
Fragmento de “Fellini (John Baxter)” sobre Historias Extraordinarias (1968).
*Roger Vadim dirige el aburrido Metzengerstein a pesar de que Jane Fonda siempre alegra el plano. Le sigue Louis Malle con William Wilson, inquietante paranoia con Alain Delon y Brigitte Bardot. Pero como manda la tradición, el último capítulo será el mejor: Un arrebatado Terence Stamp revienta la noche con un Ferrari en el Toby Dammit de Fellini. En caso de poco tiempo (o poca paciencia) saltar los dos primeros capítulos y dejarse llevar por el delirio final de estas Historias Extraordinarias.

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“A mí sólo me interesan los artistas que se van por los cerros de Úbeda. A donde me llevan los otros ya puedo llegar yo solito”. Esta cita pertenece a don Tomás, mi profesor de arte de 2º de B.U.P., un sexagenario que muy probablemente no tenga ni idea que existen unos cineastas llamados, por ejemplo, Zulawski, Carax, De Palma, Gilliam o Von Trier, pero que con sus divertidas clases dedicadas a valorar la heterodoxia creativa, asfaltó, hace años, la autopista mental por la que más tarde transitaría mi gusto por los directores excesivos, caprichosos, libres…Por supuesto, Dario Argento es uno de ellos; toma si lo es..jpg)
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