No son extraños porqué fabriquen mundos raros como Lynch o Cronenberg. Son extraños por filmografías insólitas y hasta absurdas. Sus nombres son normalmente desconocidos, pero sus creaciones desfilan continuamente por las televisiones y por los videoclubs. Son creadores sin aparente estilo, extraños supervivientes todoterreno que dirigen esas secuelas, esas precuelas, esas películas que no te interesan hasta que te interesan. Uno de eso cineastas que siempre me ha llamado la atención es Ken Finkleman.
Su nombre no te suena pero seguro que te has cruzado con sus películas. A estas alturas no hace falta decir que Aterriza como Puedas (Airplane!, 1980) es esa genialidad de 24 gags por minuto. Pionera, referencial, podemos gastar todos los sinónimos que queráis para alabar la película del trío ZAZ (David Zucker, Jim Abrahams y Jerry Zucker). Pero, ¿Recordáis la secuela de esta película?. Seguro que la habéis visto por la TV. Era prácticamente lo mismo, pero esta vez con una nave espacial que pierde el control con rumbo hacia el Sol. Las comparaciones con el original sobran, pero siempre me ha llamado la atención que este Aterriza como puedas 2 (1982) estuviera escrito y dirigido por una sola persona: Ken Finkleman. Resulta que este señor se empapa del film original creando, copiando y siguiendo el estilo paródico de los ZAZ consiguiendo una buena secuela con gags verdaderamente geniales. No estamos hablando de la norma de turno que te obliga a superar el film original. Estamos hablando de clonar un estilo y copiarlo de forma notable. La prueba de esta fuerza queda demostrada al recordar varios gags de esta secuela y adjudicarlos a la primera película. Lo de este cineasta alcanza cuotas delirantes cuando compruebas que fue el guionista de Grease 2 (1982) y esa cosa que rodó Madonna llamada ¿Quién es esa chica? (1987). Después de estos títulos ochenteros, Finkleman parece no haber vuelto al cine y se dedica básicamente a serie de tv. El día que escuchen el rumor de una secuela absurda busquen a Ken Finkleman en los créditos. Bajo un patrón parecido, otro día me gustaría indagar sobre la figura de David S.Ward, el guionista de esa maravilla titulada El Golpe (George Roy Hill, 1973).
Su nombre no te suena pero seguro que te has cruzado con sus películas. A estas alturas no hace falta decir que Aterriza como Puedas (Airplane!, 1980) es esa genialidad de 24 gags por minuto. Pionera, referencial, podemos gastar todos los sinónimos que queráis para alabar la película del trío ZAZ (David Zucker, Jim Abrahams y Jerry Zucker). Pero, ¿Recordáis la secuela de esta película?. Seguro que la habéis visto por la TV. Era prácticamente lo mismo, pero esta vez con una nave espacial que pierde el control con rumbo hacia el Sol. Las comparaciones con el original sobran, pero siempre me ha llamado la atención que este Aterriza como puedas 2 (1982) estuviera escrito y dirigido por una sola persona: Ken Finkleman. Resulta que este señor se empapa del film original creando, copiando y siguiendo el estilo paródico de los ZAZ consiguiendo una buena secuela con gags verdaderamente geniales. No estamos hablando de la norma de turno que te obliga a superar el film original. Estamos hablando de clonar un estilo y copiarlo de forma notable. La prueba de esta fuerza queda demostrada al recordar varios gags de esta secuela y adjudicarlos a la primera película. Lo de este cineasta alcanza cuotas delirantes cuando compruebas que fue el guionista de Grease 2 (1982) y esa cosa que rodó Madonna llamada ¿Quién es esa chica? (1987). Después de estos títulos ochenteros, Finkleman parece no haber vuelto al cine y se dedica básicamente a serie de tv. El día que escuchen el rumor de una secuela absurda busquen a Ken Finkleman en los créditos. Bajo un patrón parecido, otro día me gustaría indagar sobre la figura de David S.Ward, el guionista de esa maravilla titulada El Golpe (George Roy Hill, 1973).




En 1996 el colectivo Producciones Peligrosas presenta en el Salón del Cómic su obra Oropel (Planeta DeAgostini). Los miembros del colectivo eran: Artur Díaz Laperla, Marcos Morán, Nacho Antolín, Marcos Prior y Jordi Borrás. Rara vez conocemos las historias y anécdotas que envuelven un proyecto. Vemos la superficie, el producto final, el resultado. Los intentos, los proyectos fallidos y las anécdotas sirven para aprender, para curtirse, para hacerse fuerte. O al menos ese es el consuelo que nos queda. 

El metro me llevaba al infierno pero también me sacaba de él. Uno de los peores trabajos que tuve fue en una de las tiendas del metro. Había un quiosco, una cadena de comida rápida y una tienda donde se vendían películas de segunda mano. Yo trabajé en esta última. Detrás del mostrador podía ver el andén del metro y cada día veía las mismas caras. Cada día eran distintas pero todas tenían algo en común: no eran felices. El obrero salía del metro y subía las escaleras hacia su infierno sin protecciones. Segundos antes, el administrativo usaba las mecánicas y odiaba en silencio su inminente ordenador. Luego aparecían los vigilantes de seguridad y paseaban por los pasillos en busca de infractores. Pararon a una mujer con problemas en su tarjeta y la multaron. Ignoraron a los tres chavales que se colaron en la vía de acceso.













Si hay un libro que puedo recomendar sin miedo a que lo tiréis al suelo ese es Mi primera película de Stephen Lowenstein. Y es que estamos ante 20 cineastas que nos hablan sobre la génesis de su opera prima. Lowenstein pregunta a cerca del guión del rodaje, del montaje, del estreno y sobretodo de los nervios ante ese primer paso. Es difícil haber visto todas las operas primas y eso mismo le da el valor de convertirse en un libro de cabecera a releer una y otra vez. Tenemos a Pedro Almodóvar, Allison Anders, Steve Buscemi, los Hermanos Coen, Mike Figgis, Stephen Frears, Neil Jordan, Ang Lee, Anthony Minghella o Barry Levisnson. Las anécdotas más tristes, increíbles y absurdas vienen a cargo de Tom DiCillio y un director de fotografía imbécil en Johnnny Suede (1991), James Mangold y su contacto con el lado oscuro del cine, y sobretodo el caótico y divertido rodaje de Clerks (1994). Imprescindible para todos los que quieren o van a querer dirigir una película.
Lo mejor de La presa (Souhtern Comfort, 1981) es que desconocía su existencia. Uno se topa con una película de Walter Hill y piensa: esto no puede ser malo. Walter es mucho Walter. Observo como siempre que se menciona La Presa enseguida sale la referencia a Deliverance (John Boorman, 1972). Voy a blasfemar un poco: La presa es mucho mejor que Deliverance. El film de Boorman es muy interesante y si quieres es referencial, pero me quedo con el brutal ritmo del manual de supervivencia que propone Walter Hill. De hecho, la única similitud entre los dos films es Powers Boothe, ese actor que parece que siempre está con un caramelo en la boca, y que rodó con Boorman una maravilla como La Selva Esmeralda (1985). El esquema de La Presa se basa en un grupo de soldados que deben sobrevivir a unos peligros que acechan el bosque. Algo así como la primera parte de Depredador (1987) pero sin alienigena. Tiene un inicio sencillo pero desde que ocurre un primer acontecimiento la película se transforma en un ejercicio de ritmo y estilo ejemplar. Lo mejor: la secuencia final. Progresión de ritmo y nervio narrativo impresionante. Es increíble como aguanta la tensión hasta el último segundo del film.

