No se trata de empezar sobrevalorar aquello que fue infravalorado. De acuerdo, George Lazenby resulta un Bond algo soso y no aparecen los característicos escenarios exóticos de la serie. El plan del villano es algo surrealista y tampoco hay una espectacular chica Bond para compensar. Pero Al servicio secreto de su majestad (1969) se conserva como una magnifica excepción que hay que recibir con amor. Un bicho raro rechazado por el público de la época. Un punto y aparte que no volvería a repetirse. Una anomalía creada por su director Peter Hunt (el experimentado editor de la anterior saga Bond). La primera escena ya es una declaración de principios: Una playa de madrugada. Una friega de coches. Una chica loca y su salvador. Me embruja el trabajo de Peter Hunt, un cineasta que dota todo el film con una innovadora puesta en escena, a base de largos planos secuencia contrastados con rápidos y misteriosos insertos. Y es que su pasado como montador revela a Peter Hunt como uno de los cineastas con más claridad audiovisual de la saga. Naturalmente hay persecuciones a pie, con coches y con esquí. Me embruja la conexión con la muchacha protagonista y la insólita relación de su padre con el servicio secreto. Me embruja el tema Bond a manos de Louis Armstrong. Pero sobretodo me embruja el valor de respetar el final de Ian Fleming. Un final desolador. El más desolador de la saga. El destino de un agente secreto con licencia para matar.
26 de enero de 2009
24 de enero de 2009
21 de enero de 2009
Poema de Bukowski para los que tienen o han tenido gato
La historia de un cabronazo de lo más duroEntró por la puerta una noche, mojado, flaco, hecho polvo y aterrado. Un gato bizco y sin rabo. Lo recogí y lo alimenté se quedó. Aprendió a confiar en mí hasta que un amigo enfiló el sendero de entrada y lo atropelló. Llevé lo que quedaba de él a un veterinario que dijo: “no hay muchas probabilidades, déle estas pastillas, tiene la columna machacada, pero ya la tenía machacada y enmendada en cierta medida, si sobrevive no volverá a andar, fíjese en estas radiografías, le dispararon, fíjese, los perdigones siguen ahí, además antes tenía rabo, alguien se lo cortó”.
Me lleve el gato, era una verano caluroso, uno de los más calurosos en décadas. Lo dejé en el suelo del baño, le di agua y pastillas. No comía, no quería ni tocar el agua. Me mojé el dedo y le humedecí la boca y le hablé y lo toqué suavemente y el me miró con esos ojos bizcos azul pálido y a medido que pasaban los días se movió por primera vez. Arrastrándose con las patas delanteras (las de atrás no funcionaban) llegó hasta la bandeja de arena. Trepó y se metió. Fue como si la trompeta de la victoria posible resonara en aquel baño y por toda la ciudad. Yo me identificaba con ese gato: lo había pasado mal, no tan mal pero si bastante chungo…
Una mañana se levantó, se puso en pie, volvió a caerse y se quedó mirándome. Puedes hacerlo-le dije. Siguió intentándolo, se levantaba y se caía, al cabo dio unos pocos pasos, estaba como borracho. Las patas de atrás sencillamente no querían responder y volvió a caerse, descansó, luego se levantó. El resto ya lo sabes: ahora está mejor que nunca, bizco, casi desdentado, pero la elegancia ha vuelto, y esa mirada en sus ojos nunca lo abandonó. Y ahora a veces me hacen entrevistas, quieren que les hable de la vida y la literatura y yo me emborracho, cojo mi gato bizco, perdigoneado, atropellado y sin rabo y digo: -¡mira, fíjate!. Pero no lo entienden, dicen algo como: -¿dice usted que le influenció Céline?. No –levanto el gato-, me influencia lo que ocurre, cosas como esto, como esto, ¡como esto!. Agito el gato, lo levanto a la luz ebria y humeante, está tranquilo, lo sabe…Es entonces cuando acaba la entrevista. Aunque a veces me enorgullezco al ver las fotografía más tarde: ahí estoy y ahí está el gato y nos han fotografiado juntos. Él también sabe que es una chorrada pero que en cierta manera todo contribuye.
Charles Bukowski. Guerra sin cesar: Poemas (1981-1984)
Autoayuda para creadores
Chaval, no vengas a decirme que no lo aguantas, Que te están lanzando pelotas rasas por dentro, Que conspiran contra ti, Que lo único que quieres es una oportunidad pero no te la dan. Chaval, el problema es que no estas haciendo lo que quieres hacer, O si estas haciendo lo que quieres hacer, Sencillamente no lo estás haciendo bien. Chaval, estoy de acuerdo: No hay muchas oportunidades, Y algunos que están en la cima no lo están haciendo mucho mejor que tú, Pero estás desperdiciando energía con tanta arenga y tanto cabreo. Chaval, no te estoy aconsejando, Sólo sugiero que en vez de enviarme tus poemas a mí junto con tus cartas llenas de lamentos, Deberías lanzarte al ruedo, Envía tu trabajo a editoriales y directores editoriales, Te endurecerá el espinazo y te dará versatilidad. Chaval, quiero darte las gracias por los elogios de algunas publicaciones mías, pero eso no tiene nada que ver con nada y no va a ayudarte una puta mierda, Lo que tienes que hacer es aprender a golpear ese lanzamiento raso y difícil por dentro. Ésta es una carta tipo que envío a casi todo el mundo, Pero espero que te la tomes personalmente, tío."Una charla con el buzón... " Charles Bukowski. Guerra sin cesar: Poemas (1981-1984)
19 de enero de 2009
18 de enero de 2009
16 de enero de 2009
Grandes momentos de indignación ciudadana
Aunque el problema de fondo no debe hacer ni puta gracia a los afectados, me es imposible no sonreír (e incluso reír avergonzado en plena calle) ante tales muestras de indignación. ¿Para que andarse con rodeos?, el mensaje en ambos casos es claro y directo.
12 de enero de 2009
Sermón funerario para Cable Hogue
“Nos hemos reunido aquí, a la vista de Dios y con toda su gloria para despedir a Cable Hogue. En casi todos los funerales mienten sobre el difunto. Lo comparan con los ángeles y lo blanquean con brocha gorda. Pero, Señor, tu sabes y yo sé que eso no es verdad. En un hombre hay cosas malas y cosas buenas, como en todos. Cable Hogue nación en este mundo, pero nadie sabe cuando ni dónde. Llegó del desierto dando bandazos como un antiguo profeta. Partiendo de la nada, construyó su propio reino. Hay quien dice que era cruel. Pero hay cosas peores, Señor que acoger en tu seno a Cable Hogue.
No era un buen hombre ni era un mal hombre. Pero Señor, era un hombre. Cobraba demasiado caro, era tan mezquino como cualquiera. Sí, quizá hizo trampas, pero siempre con honestidad. Ricos o pobres, a todos estafó por igual. Cuando Cable Hogue murió no había un solo animal en el desierto que él no conociera. No había ni una estrella a la que no pusiera nombre. Ni había hombre que le asustara. La arena por la que luchó y amó por fin le ha cubierto. Ahora se ha ido arrastrado por el torrente de los años con las almas que pasan sin detenerse. En cierto modo, él era tu pálido reflejo Señor, y con razón o sin ella, creo que merece tu consideración. Pero si te parece que no es así, debes saber que Hogue vivió y murió en el desierto. Y estoy seguro de que en el infierno no hace demasiado calor para él. Nunca fue a la iglesia. No le hacía falta. El desierto era su catedral. Hogue amaba el desierto, lo amaba más de lo que decía. Construyó su imperio pero fue lo bastante hombre como para dejarlo por amor en su momento. Señor, como el día lleva a la noche, la vida nos lleva a la muerte. Le decimos adieu a nuestro amigo. Acógele Señor, pero conociendo a Hogue, sugiero que no le tomes a la ligera. Amén.”
Cable Hogue. Encontró agua donde no había. Descanse en paz.
La balada de Cable Hogue (Sam Peckinpah, 1970)
Cable Hogue. Encontró agua donde no había. Descanse en paz.
La balada de Cable Hogue (Sam Peckinpah, 1970)
10 de enero de 2009
Sam Peckinpah y Steve McQueen
“Robert Evans dijo: -Te doy mi palabra de que, si la próxima película que diriges es La Huida, después haremos El emperador del Norte. Accedí a hacer La Huida. Poco después recibí una puta carta rechazándome como director para El emperador del Norte. Y encima, los jefazos de la Paramount decidieron no hacer La Huida (1972), así que me quedé fuera de las dos películas. Fue increíble. Afortunadamente, Steve McQueen se cabreó con aquella gilipollez y la hicimos con su compañía First Artists.”Tras una broma de Steve McQueen a Peckinpah: “Había un agujero en el que Al Lettieri (Rudy) se cae cuando Steve le dispara. Yo estaba muy enfadado así que empujé a Steve. Entonces le empujé otra vez, y el se cayó de espaldas en el agujero, todavía riendo. Entonces pensé que seria la ultima vez que podría empujarle, porqué después de aquello él saldría de allí y me metería los dos brazos por la garganta para que la próxima vez que me picase el culo tuviera que rascármelo desde dentro. Pero en lugar de eso, volvió a salir, riéndose todavía más, porque ahora sí que me había pillado. No tenía que demostrar nada. Podía partirme en dos y volver a unir los trozos. Él lo sabía, y yo también. Había hecho todo lo que podía y ni siquiera lo había desconcertado.”
Además de ser un gran actor, Steve McQueen tenía una gran imaginación. Se ganó el respeto de Peckinpah al sugerir la escena en la que Doc acorrala a dos policías después de destruir literalmente su coche patrulla con una escopeta: “Aquel plano fue todo idea de McQueen. Me dijo lo que quería hacer, y a mi me pareció una idea fantástica. Steve se manejaba muy bien con el atrezzo. Hacia suyo cada objeto, como si lo conociese de toda la vida. En pantalla hacía que sus personajes fueran de lo más creíbles.”
Sam Peckinpah: Vida Salvaje (Garner Simmons)
7 de enero de 2009
Maneras de Matar (Bertolt Brecht)
La calle Ferlandina de Barcelona (junto al Macba) es muy rica en arte urbano. En esta ocasión un texto de Bertolt Brecht me obliga a sacar la cámara y compartir algunas Maneras de Matar.
Hay muchas maneras de matar. Pueden clavarte un cuchillo en el vientre. Quitarte el pan. No curarte una enfermedad.Meterte en una mala vivienda. Torturarte hasta la muerte por medio del trabajo. Llevarte a la guerra, etc. Sólo pocas de estas cosas están prohibidas en nuestra ciudad.
Foto: Pere Koniec
5 de enero de 2009
Las persecuciones de Rémy Julienne
Antes de la era digital, si querías que tu película tuviera
una vibrante persecución de coches tenías que llamar al cascadeur (destrozón)
Rémy Julienne (1930). Podía ser un deportivo o un simple turismo. No importaba. Julienne hacia bailar cualquier cosa que tuviera volante. John Glen le
llamó en todos los Bond’s que dirigió. Tres con Roger Moore: Sólo para sus ojos
(1981), Octopussy (1983) y Panorama para matar (1985). Y dos con Timothy
Dalton: Alta tensión (1987) y Licencia para matar (1989). Además de decenas de
películas francesas que no he visto, también encontramos tres películas
españolas con secuencias de Julienne: Los Últimos golpes de 'El Torete' (1980),
Historias del Kronen (1995) y Antártida (1995). Vuelve a Bond con el primer
Pierce Brosnan en GoldenEye (1995) y se ve envuelto en un accidente mortal en
Taxi 2 (2000) cuando atropella al cámara Alain Dutartre. Mal rollo con el
productor Luc Besson y al parecer 18 meses de cárcel más multa de 3.000 euros.
Dos instantes para recordar: las persecuciones entre el Condor-Car y los
Porsche de Condorman (1981). Y sobretodo, la secuencia que hizo famoso a Rémy
Julienne: los tres increíbles Mini Cooper de Un trabajo en Italia (1969).3 de enero de 2009
Roger Moore y su licencia para matar
*El fallecimiento de Roger Moore (1927-2017) me obliga a recuperar esta entrada publicada el 3 de Enero de 2009.
Ya había quedado claro que James Bond siempre será Sean Connery . Pero una repentina nostalgia navideña me ha hecho caer en un revival Roger Moore como agente 007. Estas son las siete de Roger:
Vive y deja morir (1973). Lo mejor: El tema principal de Paul y Linda McCartney, aunque demasiado moderno para un film demasiado anticuado y ese cortejo fúnebre del prólogo con un ataúd que busca al muerto. Lo peor: La inacabable persecución de lanchas junto al ridículo Sheriff y la muerte del villano Yaphet Kotto parece sacada de una peli de Bud Spencer. El hombre de la pistola de oro (1974). Lo mejor: El tema principal cantado por Lulú y Christopher Lee como el campechano-villano Scaramanga. Lo peor: El personaje de Britt Ekland, chica-Bond-tonta-objeto a niveles insospechados. Y por cierto, ¿Qué hacen Scaramanga y el enano Nick-Nack viviendo solos en una isla?. La espía que me amó (1977). Lo mejor: El salto de esquí del especialista-dobla-Bond y la presencia de Richard Kiel como Tiburón y por supuesyo la persecución con el Lotus Spirit. Lo peor: Transformar el Lotus en submarino nunca fue una buena idea pero como mola verlo salir del agua. Mooraker (1979). Lo mejor: La secuencia pre-créditos con escasos paracaídas y la prueba de que incluso Richard Kiel (Tiburón) puede encontrar novia. Lo peor: Bond nunca debió pisar el espacio pero Star Wars mandaba. Sólo para sus ojos (1981). Lo mejor: Destruido el Lotus Spirit, la persecución con un divertido 2 CV en una (tópica) España y esas motocicletas villanas persiguiendo a un esquiador Bond. Lo peor: Aunque es la marca de la saga, siempre me han agotado las escenas submarinas. Octopussy (1983). Lo mejor: Maud Adams en general y en concreto y el prologo con el aeroplano y los créditos cantados por Rita Coolidge y la obligada persecución automovilística, esta vez con un Alfa Romeo GTV. Lo peor: ¿De quien fue la idea de embutir a Roger Moore en un traje de Cocodrilo?. Panorama para matar (1985). Lo mejor: Todo el tramo de París coordinado por el gran Rémy Julienne y ls villanos Christopher Walken y Grace Jones. Lo peor: El tema principal de Duran Duran me crispa. La formula Bond-anciano-con-lifting ya estaba agotada. Y probaron con Timothy Dalton en dos ocasiones.
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