Mi pequeño encuentro con Curtis

Festival de Cinema Sitges 2003. Presento L de Lorena, una película sobre adolescentes infelices con mucho cacao mental y mucha tontería. Han sido dos años de rodaje furtivo acompañados de inolvidables sesiones de montaje junto a P. El entusiasmo es tal que tengo la poca vergüenza de dedicarle esos 90 minutos a: Ray Loriga, Charles Bukowski, Ingmar Bergman, John Hughes, Todd Solondz y Lukas Moodysson. Sin comentarios. Una tarde me topo con H y pide mi presencia para llenar Brigadoon, la sala que días antes ha estrenado mi demencial película. Al parecer, un veterano cineasta americano se dispone a presentar su último trabajo y la sala está casi vacía. Cada espectador cuenta. Entro encantado y ojeo el periódico del festival. Una vez informado, el bueno de H presenta al veterano cineasta americano y nos habla sobre Usher (2002), el mediometraje que estamos a punto de ver. Los ocho de la sala aplaudimos las palabras del viejo cineasta y se apagan las luces. Surge el nombre de Poe y aparece el cineasta con un doble papel como actor. 38 minutos después se encienden las luces y el público despeja la sala. Unos pocos se acercan al cineasta para felicitarle y pedirle un autógrafo. Vuelvo a ojear el periódico y busco un bolígrafo mientras el veterano cineasta se acerca al operador de vídeo para recoger su DVD. Luego camina hacia su acompañante, un joven rubio al que también me parece haber visto en la película, y se dispone a salir de la sala cuando le abordo. Le felicito y además de soltarle alguna tontería, le pido un autógrafo que acaba plasmando junto a un artículo que le reseña. Se despide con un Thank You Very Much y me sonríe de esa manera que sigo recordando hasta hoy. Su acompañante también me sonríe y los dos hombres salen de la sala para alejarse lentamente por el paseo marítimo. Se pone el sol y el tren me devuelve a casa. Pero no olvido a aquel señor. Días después me informo un poco más y descubro que aquel veterano cineasta es una vieja gloria del cine fantástico y experimental que ha rodado con Dennis Hopper, Simone Signoret, James Caan, Katharine Ross, Debbie Reynolds, Shelley Winters o Piper Laurie. Además de dirigir capítulos para Dinastía, The Twilight Zone y Los Ángeles de Charlie, o escribir ensayos sobre James Whale y Josef Von Sternberg. Esa tarde del Sitges 2003, aquel veterano cineasta tenía 77 años y presentaba en la sala Brigadoon su última película: producida, dirigida, escrita e interpretada por Curtis Harrington. En 2005 sufrió un derrame cerebral del que se nunca se recuperó completamente. Murió en 2007.

No pierdas la cabeza (con un Ferrari)

“Los productores europeos de películas integradas por cintas de varios directores lograron en la década de los sesenta la rara habilidad de hacer “su trabajo” sin contar con el arte. Un empresario elegía un tema porque estaba libre de derechos, abordaba a Orson Welles jurando que Visconti y Fellini habían aceptado contribuir con un episodio y, si Welles firmaba, lo utilizaba como cebo para atraer a Visconti y a Fellini. En el verano de 1967, un Fellini quizá menos precavido de lo habitual tras su enfermedad firmó un contrato con Raymond Eger, de Marceau Film, por el que tendría que realizar una adaptación a partir de siete narraciones de Edgar Allan Poe para una película cuyo título provisional era Tre passi nel delirio (Historias Extraordinarias). Welles y Bergman ya habían firmado, le contó Eger, así como Joseph Losey y Jean Renoir.

Fellini todavía no tenía nada decidido sobre Il viaggio, de modo que empezó con el trabajo preliminar para su episodio en otoño y convirtió además a Grimaldi en coproductor con Marceau. Pronto descubrió que Bergman no había aceptado nunca y que Welles, escaldado en ocasiones anteriores, se había retirado a tiempo. También lo hizo Renoir cuando descubrió que Claude Chabrol había reemplazado a Welles. Chabrol quería hacer la misma historia que Renoir y ya tenía un guión. Después también Chabrol acabó marchándose, para ser sustituido por Louis Malle y Roger Vadim, que decididamente, no alcanzaban la categoría de los anteriores. Fellini podría haber anulado el contrato legalmente, pero le pareció que un corto ayudaría “a encontrar mi propio ritmo natural de trabajo”, ya que llevaba dos años sin trabajar, y a sintonizar con nuevos colaboradores.”

Fragmento de “Fellini (John Baxter)” sobre Historias Extraordinarias (1968).

*Roger Vadim dirige el aburrido Metzengerstein a pesar de que Jane Fonda siempre alegra el plano. Le sigue Louis Malle con William Wilson, inquietante paranoia con Alain Delon y Brigitte Bardot. Pero como manda la tradición, el último capítulo será el mejor: Un arrebatado Terence Stamp revienta la noche con un Ferrari en el Toby Dammit de Fellini. En caso de poco tiempo (o poca paciencia) saltar los dos primeros capítulos y dejarse llevar por el delirio final de estas Historias Extraordinarias.

Marty del 55 (o las cosas que no cambian)

Te llamas Marty y tienes 34 años. Eres carnicero y todo tu entorno te recuerda que deberías casarte de una puta vez. Debería darte vergüenza, Marty!. Tu madre es una anciana a los 56 y tu tía es tan insoportable que el matrimonio de tu primo se está resintiendo de una vida entre susurros. Tendremos que echarla de casa, un matrimonio no debe vivir con la madre, ni con la suegra. Estamos en 1955 y hay que buscarse un plan para el sábado por la noche. Salgamos con los colegas, busquemos a unas chicas y bailemos con ellas. Si la cosa no funciona vayamos a ese local, tranquilos, uno de nosotros sabe como va el tema. O quizá no. Quizá conozcas a una chica aunque es poco probable que quiera bailar contigo. Pero vamos a darle un poco de color al asunto y coloquemos a esa chica en el sitio adecuado y en el momento adecuado. Es tímida como tú y tampoco encaja en las reglas del juego. La acompañas a su casa en autobús y tus colegas se sienten desplazados. Normalmente no sabrías mantener una conversación con el sexo femenino sin parecer bobo, pero por algún motivo esa noche sueltas un nervioso monólogo que ella soporta con silencio, educación o simple timidez. Os despedís y quedas en llamarla mañana, pero después de misa. Deberías esperar el autobús para regresar pero una desconocida alegría te inunda los pulmones. Golpeas la señal de la parada y vuelves a casa, primero corriendo y luego andando. Llega el domingo y deseas llamar a esa chica. Pero no todos van a compartir tu alegría. Tus amigos temen que les abandones y rajan de la chica. Tu madre teme que te marches con esa fulana y la abandones en casa: sola, todo el día. El entorno no te pone las cosas demasiado fáciles, Marty. En realidad tú sólo quieres vivir pero todos ellos sienten miedo. Miedo a la pérdida, que es lo que esconden todos los miedos. Pero si encuentras una cabina y llevas alguna moneda encima, quizá y solo quizá, quizá puedas empezar a vivir. Estamos en 1955 pero podría ocurrir ahora mismo. Y de hecho…

Marty (Delbert Mann, 1955). *Oscar a la mejor película + Palma de Oro en Cannes.