Nieve, dinero y ola de crímenes

El interior de un coche siempre es buen lugar para las confesiones. En Un plan sencillo (1998), los dos hermanos hablan sobre el futuro. Hank (Bill Paxton) le pregunta a Jacob (Billy Bob Thornton) sobre Carrie Richards, una chica de la escuela.

“Sus amigos habían apostado 100 pavos, entre todos, a que no se atrevía a salir conmigo un mes. No estuvo tan mal, la verdad, fue bastante chulo, solíamos pasear juntos un montón, ya sabes, dábamos paseos, ¿sabes?, y hablábamos de todas clase de cosas chulas. Una vez, la cogí de la mano, íbamos paseando y la mano me sudaba tanto que tuve que soltarla, estaba nervioso supongo, pero estuvo bien. Al terminar el mes, ella me saludaba a veces por los pasillos al verme, no tenía porqué hacerlo, fue chulo. Dios, ¿sabes?, nunca he besado a una chica, ¿sabes que?, si siendo rico eso cambia yo me apunto, me da igual, solo quiero sentirlo, solo quiero saber que hace la gente, me da igual que sea por el dinero.”

Sí la película de Sam Raimi es buena la novela no se queda corta. No diré me-gustó-más-el-libro ni nada parecido, pero Scott B. Smith (autor del libro y del guión para el film) escribe una escena que hubiera sido una delicia en manos de señor Raimi. Spoiler Brutal: En el film, a Hank le comunican que la policía apuntó los números de serie de todos los billetes que pudieron. Así que Hank quema el dinero para no ser descubierto y todo vuelve a la normalidad del pueblo. Fin. Pero en el libro hay un último giro acojonante: Tras la escena del tiroteo final, todo parece cuadrar para disfrutar del dinero. Pero mientras a Hank le comunican lo del dinero marcado, a su mujer no se le ocurre otra cosa que comprar una botella del champán más caro. Cuando Hank se entera no tiene otra opción que buscar al vendedor del champán y eliminarlo para conseguir los billetes que le delatarían. Pero entra un cliente en la bodega y Hank debe tomar otra decisión. Gran libro el de Scott B. Smith. Gran film el de Sam Raimi.