Tiempos de espera

El otro día pasé en frente de un asilo y miré a través de la ventana. Eran las siete de la tarde y todos los ancianos estaban cenando. Estaban sentados frente a sus mesas y la mayoría de ellos comía un palto de sopa. La organización de las mesas me recordó las aulas de párvulos, con toda aquella distancia tanto física como psicológica. Había un silencio interior y lo único que se escuchaba era una lejana televisión acompañada del sonido de las cucharas recogiendo sopa del plato. Nadie se miraba ni nadie charlaba. No había nada de lo que hablar. Ya estaba todo dicho, y posiblemente ya estaba todo hecho. No había perspectiva de proyecto porqué tenían más pasado que futuro. Hubo un tiempo en que trabajaron, hubo un tiempo en que amaron, en que se ilusionaron con prósperos acontecimientos. Hubo un tiempo en que había descubrimientos. Tiempos de alegrías o tiempos de problemas. Tiempos de soluciones y tiempos de aprendizaje. Tiempos de deudas, de mucho o poco dinero. Tiempos de compras, de viajes, de amigos, de envidias, de preocupaciones. Tiempos de vida. ¿Y ahora que? Ahora hay tiempos de espera, tiempos de cenas en horas en las que antes no te importaba merendar. Ahora son tiempos de revistas atrasadas en armarios gastados. Ahora son tiempos de visitas. Tiempos de observación del mundo a través de tu ventana. Y de nuevo me pregunto: -¿Y ahora que? Ahora tan solo esperar que ocurra, sea lo que sea, debemos esperar que ocurra. Algún cambio, alguna novedad que destruya la rutina diaria de los juegos de mesa, de la televisión, de los desayunos, de las comidas y de las cenas. Esperando, esperando, esperando…esperando, y mientras tanto: recordando.


Ilustración: El Deterioro de las manos (Pere Koniec 2006)