Cine: Elmer Bernstein y "La Gran Evasión"

Creo que La Gran Evasión (1964) es la mejor película de todos los tiempos. No bromeo. Siempre que se anuncia un ranking con los mejores films se destaca Ciudadano Kane, Lo que el viento se llevó y El Padrino. De acuerdo, todas ellas son grandes películas, pero es que desde que tengo 8 años siempre he creído que La Gran Evasión es la numero uno. Dura tres horas y desde los primeros minutos va al grano. Los prisioneros quieren escaparse y harán todo lo posible para conseguirlo. El inicio del film nos sirve para realizar una presentación de los personajes con todo tipo de artimañas para huir: Meterse en un camión que transporta árboles, hacerse pasar por agricultores rusos e incluso atravesar la terrible y omnipresente alambrada. Tras los preliminares, se empieza a idear la forma de lograr una multitudinaria fuga de 200 hombres. Y vamos conociendo a los personajes: Tenemos a Steve McQueen con sus intentos de fuga y su habitual permanencia en el calabozo, a la que aquí llaman Nevera. El falsificador Donald Pleasence y su conmovedor final, El cabecilla Richard Attenborough y su poder de convocatoria, o el experto en cavar túneles Charles Bronson. Todos ellos dan vida a unos personajes magníficos dentro de uno de los mejores guiones de la historia dirigido por uno de los grandes artesanos del cine: John Sturges. La película data de 1964 y hasta estas alturas solo queda vivo uno de los intérpretes: James Garner, que da vida al ladrón-productor que consigue el material necesario para una buena fuga. Pero hace pocos años todavía quedaba vivo uno de los pilares de la película, estoy hablando sin duda del gran compositor musical Elmer Bernstein. Si este hombre no hubiera compuesto la música para el film, posiblemente esta cinta no alcanzaría las cuotas de emoción y ritmo que tiene y tendrá para siempre. Hace unos años, visitó Barcelona para realizar uno de sus geniales conciertos y tuve la suerte de conocerlo durante apenas unos minutos en una presentación que nos iluminó a todos. Nervioso por acercarme a él, me firmó la primera casete con la banda sonora de La Gran Evasión que había aparecido en nuestro país y me despedí de uno de los grandes creadores del score fílmico. Murió un año después. Desde aquí lanzo un pequeño tributo a Elmer Bernstein: el alma de The Great Escape.