Catorce chicas en un pajar

Rebobino media vida e intento recordar cuando topé con la canción. Visualicemos una tarde de invierno. Hubo una biblioteca. Hubo un compact disc. Hubo un flechazo en apenas dos minutos. Hubo una inquietud. Le siguió una idea. Hubo una gripe. Hubo un plan. Hubo una charla. Hubo un traje, un detergente y un gato mojado. Hubo un rodaje durante un sábado. Hubo un primer cortometraje. Un primer lanzamiento de ida, sin retorno y sin paracaidas. Un viaje permanente, de continuo aprendizaje a base de hostias personales y profesionales. Vuelvo. Y creo que todavía hoy hay pocas cosas con más ritmo que el Night Rider de Elvis. Aparece cada dos por tres y cuando no lo hace lo resucito tarareándolo. Inexplicablemente todavía no había visto el número musical incluido en la cinta Tickle Me (1965). No sé si lo mejor es el baile espalda-espalda o el tipo que simula tocar la guitarra. Adictivo.Tatuado en la memoria.