No es la caída lo que te mata

Aquella tarde Fritz Lang se remueve en la tumba porque después de hacer los deberes con su M (1931) no puedo evitar caer en las garras de Velocidad Terminal (1994). Por cronología la debería haber visto durante una adolescencia repleta de videoclubs. Pero a veces las cosas se aplazan para encontrar el espacio y el momento adecuado. La carátula me llama en silencio. No es fácil resistirse a un Cadillac cayendo desde un avión. Tampoco es difícil quedar deslumbrado ante una cinta tan fast and fun llena de vaciladas y buen ritmo. Charlie Sheen suelta las mejores replicas como instructor de paracaídas que quedará prendado de la bella Nastassja Kinski. Aunque lo más notable es el excelente gusto que tiene el director Deran Sarafian para escoger los automóviles presentes. Un Chrevolet Camaro cruza un nocturno desierto al inicio del film y un Chevrolet Corvette servirá a Sheen para alcanzar a la Kinski en el tramo final. El Cadillac Allanté recorrerá toda la cinta hasta despeñarse en la estupenda vacilada del avión que debería quedar como icono del cine de acción. Y hay un inquietante detalle en uno de los automóviles. En un par de escenas, Charlie Sheen se desplaza con un Dodge Challenger y Deran Sarafian se recrea a gusto para filmar el automóvil. Hay algo gratuito y a la vez mágico en todo en ello. Las piezas encajan cuando uno repara en el apellido del citado director y lo asocia a Vanishing Point (1971), la mítica cinta de Richard C. Sarafian protagonizada por el mítico Dodge Challenger. De tal palo tal astilla. Bonito homenaje de hijo Sarafian a padre Sarafian.