Dale a los pedales

El arranque de Los Bicivoladores (1983) es de las cosas más vacilonas que he visto y si uno no se tapa la cara con el cojín de pura vergüenza, puede disfrutar de toda una declaración de intenciones: Los maestros de la bicicleta PJ y Goose se colocan su equipo protector, giran una y otra vez los pedales de su Bmx y empiezan las piruetas por el paseo marítimo de su pueblo. Las imágenes son de una belleza plástica preciosa y a uno le dan ganas de coger su bicicleta y acompañar a estos dos personajes por esa postal en movimiento situada en un verano de Australia. Paralelamente se nos presenta a un grupo de atracadores con máscaras que, tras ejecutar un rápido golpe en un banco, huyen en un coche por las calles del pueblo. Pero ah…no tardarán en topar con nuestros amigos bicivoladores. No se produce colisión alguna pero el primer encuentro ya se ha producido y el director y los guionistas nos ofrecen una serie de gags más o menos divertidos en los que intervienen un párroco, una muñeca hinchable y otros desvaríos. Y atención… aparece el personaje de Nicole Kidman, una chica llamada Judy que trabaja en un supermercado para… sorpresa! poderse comprar una bicicleta como las de sus colegas. Un Gordo Idiota bromea con la pobre Judy y la putea desviándole unos carritos de la compra que estaba ordenando. En ese momento uno cogería al Gordo Idiota y le daría su merecido, pero tranquilos… eso llegará un poco más tarde porque ya se sabe que un personaje así recibirá su escarmiento, al menos en la ficción. Pero no nos olvidemos de los carritos de la compra que van a parar a la carretera y chocan con los dos bicivoladores. El imbécil del encargado despide a la pobre Judy y los dos chicos se disculpan ante su amiga pelirroja, que pronto será la tercera del grupo. Los tres amigos se reúnen en una hamburguesería e intentan arreglar los desperfectos que han sufrido sus bicicletas en la colisión. Es entonces cuando los tres personajes se empiezan a definir. PJ es el atractivo, el optimista, el triunfador, el que probablemente se acabe ligando a Judy, la chica de apariencia tímida pero que no dudará en darte una patada en los cojones si es necesario para escapar. El tercero en discordia es el pagafantas Goose, algo más tímido que su compañero, algo más feo, de autoestima descendiente pero gran aficionado a las películas de terror, cuyos argumentos no para de contar durante toda la película. Este es el trío de la película, un Jules et Jim con bicicletas. 

Vuelven a aparecer los atracadores y el jefe de ellos, una especie de Charles Bronson barato, planea el robo de un furgón blindado. Tendrán un camión para secuestrarlo pero necesitarán despistar a la policía. Ahí es donde entra el elemento principal y molón de la película: unos walky talkies que captan la frecuencia de la policía. Gracias a ellos podrán controlar todos los movimientos de la pasma y podrán huir con el dinero y ser felices. Por alguna razón que no se nos explica, los walky talkies están ocultos en “el escondite secreto”, pero suponemos que han llegado al país de forma clandestina y nuestros amigos atracadores parten en su búsqueda. Pj y Goose necesitan pasta rápida para arreglar sus bicis y Judy la necesita para comprarse una nueva, así que se dirigen al puerto para recolectar mejillones con la esperanza de forrarse y hacer realidad sus deseos. Pero nuestros chicos no tiene suerte y, desanimados ante el fracaso, su lancha se detiene en una caseta del mar. Encuentran un paquete y, tras dudar de la legalidad de su acto, deciden quedárselo y se marchan sin abrirlo. A bordo de una psicodélica lancha, los atracadores se cruzan con nuestros bicivoladores pero ignoran que se han llevado su preciada mercancía. Ocultos en un almacén del puerto, los tres amigos abren el paquete y, tras descubrir los walky talkies, deciden venderlos entre sus amigos para obtener así la pasta que necesitan. Pero la policía capta sus conversaciones y les ordena abandonar la frecuencia, ajenos a la persecución que, desde entonces, serán sometidos por parte de dos de los atracadores. 

Dicen que una buena película debe tener al menos tres escenas memorables, pues bien, Los Bicivoladores tiene como mínimo una escena genial, un prodigio de ritmo, de replicas en el diálogo, de emoción, que demonios… de cine!: La escena del cementerio. Nuestros amigos no han logrado el dinero que necesitan y una noche pasean de camino a casa cuando los dos atracadores se cruzan con ellos. Alertados ante su presencia, se lamentan de no tener sus Bmx para huir y no tienen más remedio que entrar en el cementerio para despistarles. Si en el primer robo de la película utilizaban mascaras de Cartoons esta vez, temiendo hacer el ridículo, los dos atracadores utilizan dos máscaras de monstruos, y entran el cementerio para perseguir a los chicos. Comunicándose con los walki talkies, los tres amigos recorren el cementerio por separado para no ser capturados y los diálogos ingeniosos brillan en cada plano. La miedosa Judy cae en una tumba abierta y, tras despistar a uno de los atracadores, su compañero Goose se reúne por accidente con ella. El ambiente y la situación proporciona a Goose una nueva oportunidad para contar una de sus películas de terror, momento que aprovecha para besar a Judy, pero esta le rechaza con hipocresía y educación. La imagen de perdedor nato queda plasmada de nuevo en el rostro de un Goose que se lamenta de no se tan atractivo como su amigo Pj ante el inútil consuelo de la boba Judy. El elegido Pj les comunica por walky talkie reunirse en la puerta trasera del cementerio y, tras algunos encuentros divertidos con los atracadores, logran escapar de la persecución. Una elipsis nos explica el triunfo de su negocio con los walky talkies y los tres amigos obtienen una fabulosa bicicleta Bmx. El apuesto Pj monta su restaurada bicicleta roja, el perdedor Goose conduce la azul, y la modosita Judy estrena su flamante Bmx amarilla. Ahora su proyecto más ambicioso es conseguir un circuito de bicicletas para todos los jóvenes del pueblo. 

Tras exhibir sus habilidades a ritmo de videoclip, un nuevo comprador les pide un nuevo walky talkie. Mientras Pj y Goose ultiman sus modificaciones, Judy se acerca al almacén donde guardan su negocio y es capturada por los dos atracadores. El walky talkie de Judy queda encendido y provoca una serie de confusiones con unos obreros que trabajan en la zona, hasta que finalmente Pj y Goose escuchan por sus walkies la situación de Judy y salen a todo trapo en su rescate. Aquí es donde los especialistas y el operador de cámara se lucen en todo tipo de virguerías visuales con planos espectaculares sin corte alguno. El Gordo Idiota se cruza en su camino y le arrebatan su helado por idiota, por venganza y porque el espectador está deseando que se le ajusten las cuentas a este imbécil. Irritado ante el robo de su helado, les intenta perseguir pero no logra alcanzarlos y acaba su miserable existencia ahogado en arena resca. No muere. Pj y Goose logran rescatar a Judy y empieza una larga huida para escapar de los dos malhechores Sin ser una secuencia específica de localización como la del cementerio, la persecución que en ese momento se desarrolla es otro de los puntos más altos de la película. Es una persecución larguísima, al estilo de Bullit (1968), con un ritmo trepidante en el que se recorre desde un centro comercial, pasando por un parque acuático, hasta finalizar en una zona industrial donde logran despistar a los ladrones. Todo este tramo posee un montaje milimétrico, con diálogos salerosos y contundentes por parte de los tres bicivoladores, y quizá sólo perjudicado por la actitud cómica que se les atribuye a los dos atracadores. Todo resultaba más vibrante cuando el peligro se representaba con unos ladrones cabreados y no como unos burdos payasos que no saben lo que hacen. Algo acojonados, los tres amigos se entregan a la policía y soportan la amable bronca del comisario, que les confisca el material y les pide no entrometerse más en el asunto. Pero Pj tiene un plan para capturar a los ladrones y de paso, obtener su preciado circuito para bicis. Se llevan los walky talkies como cebo y, con la ayuda de cientos de chavales en bici, logran atraer la atención de los ladrones. Esta última parte es la que peca más de ingenua y la que olvida el cinismo y el ritmo que hasta ahora nos había acompañado. 

Los ladrones capturan a Judy como rehén para que los chavales no avisen a la policía y huyen en coche hacía su almacén secreto. Pero Pj es un gran estratega y ha repartido a todos lo chavales por el pueblo que le van indicando el recorrido de los ladrones. Para entonces, hasta el jefe de ellos, el que al principio parecía un Charle Bronson, se nos vuelve aquí un gilipollas neurótico como sus secuaces payasos y el tono de la película adquiere un tono demasiado cómico, dándole un clímax final digno de las peores películas de Parchís. Resulta una verdadera pena que esta película termine con la pelea de espuma que se organiza en la inauguración de un nuevo terreno. No esta a tono con el resto del metraje pero supongo que tampoco era plan acabar atropellando a los bicivoladores. Aunque un punto intermedio siempre es interesante. Quizá la escena final con los títulos de crédito le da algo de dignidad al verdadero final del film. En la escena se nos presenta el circuito de bicicletas que finalmente han conseguido y somos testigos, mientras pasan los créditos, de una competición en la que, tanto PJ, GOOSE y JUDY terminan obteniendo sendos trofeos. Pero les echamos de menos juntos, les queremos ver de nuevo pedalear por el paseo marítimo, les queremos ver en sus Bmx, les queremos en peligro, porque la verdad es que… ¿Para que quieren un aburrido circuito cerrado si tienen todo el pueblo para recorrer mil aventuras?. Siempre hay más asuntos donde entrometerse.