Te cagástes en mi casa

Patrick Dempsey ha sido nombrado el más sexy de la televisión según la revista estadounidense TV Guide. Su personaje del Dr. Derek Shepherd en “Anatomía de Grey” le ha colocado en boca de todo y sobretodo de todas. Curioso como cambian las cosas. Para los fans del cine teenager, Patrick Dempsey siempre será Ronald Miller, el adolescente marginado de la película “No puedes comprar mi amor”. La trama puede resultar delirante pero estamos hablando de una película de institutos, y esta resulta de las más decentes que se han hecho. Ronald Miller es un marginado aficionado a la astronomía. Ha ahorrado mil dólares para un nuevo telescopio aunque lo cambiaria todo por ser popular. Sus amigos son los inadaptados del grupo, adolescentes pajilleros que sueñan con las guapas de la clase. La más fashion es Cindy Manzini (Amanda Peterson), la jefa de animadoras y vértice del grupo de los populares. Se nos presenta así los dos tipos de adolescentes que pululan por el instituto. Un día la tonta de Cindy le roba un valioso vestido a su madre y lo mancha con vino. Intenta comprar uno nuevo pero el jodido vestido cuesta mil dólares. Nuestro freaky Ronald pasa por allí y le propone un trato. Le pagará el vestido a cambio de que ella simule salir con él durante un mes. No habrá roces ni sexo, solo apariencia. Y así lo hacen. Para sorpresa de todos, la nueva pareja se presenta en clase y es la comidilla de todos. La popularidad de Ronald Miller sube tanto que hasta llega a ser el nuevo creador de modas y tendencias. Pasado el mes, rompen su falsa relación y Ronald sigue disfrutando de su fama. Olvida a sus amigos freakys y se monta juergas con las tontas populares. Pero como dice el título, no puedes comprar mi amor, y en este caso lo que no se puede comprar es la reputación. Todo lo que sube baja, se descubre el pastel y Ronald vuelve a ser el marginado de siempre. La penúltima escena resulta toda una declaración de principios. Ronald suelta un monólogo en el patio del instituto y les cuenta a todos lo entupida que es la superficialidad. En ese momento el guionista Michael Swerdlick podría haber acabado la historia y todos nos hubiéramos quedado ko. Buen puñetazo a para el ego. Pero este escritor, responsable de la tramas de la boba “Sensación de Vivir” y de la genial “Parker Lewis Can´t Lose”, nos obsequia con una última escena de lo más previsible. El buen cine teenager de los 80’ empezó con John Hugues y terminó con “No puedes comprar mi amor, 1987”.