La cicatriz en la fábrica roja

Se buscan inyecciones de pasión fílmica. No son para mí, son para un amigo que ha sufrido un gatillazo en pleno desierto. Espera un momento, esto no está colando, son para mí. Tres o cuatro dosis bastarán. El componente de reacción será la cuarta parte de una furiosa saga con la que todo el planeta ha vibrado de inicio a fin. Estupor, sudores fríos y temblores sin gusanos gigantes. También yo deseo conseguir esa plenitud de indiscutible aprobación y felicidad. Lo he intentado sin estimulantes y la cosa no ha funcionado como debería. Mientras consigo las sustancias artificiales me chuto Carretera al infierno (1986) y recupero otra estupenda bizarrada del mismo director con un carismático villano parapléjico acompañado de unas notas electrónicas perpetradas por los Kraftwerk españoles.

Highwaymen (Robert Harmon, 2003) + Aviador Dro (1981)