Tacones tan finos como estiletes

En la foto: Salvador Dalí y Raquel Welch.
“Nunca me han gustado los hombres. No hablo sólo en el plano sexual, no. Nunca me ha gustado el alma masculina, la cual por desgracia conozco bastante bien. La mujer (siempre con mayúsculas) es agua mientras que el hombre es una puta piedra con un apéndice tieso. Me gustaría que nos hubierais erosionado hace tiempo y no tenerme que sentir culpable por tener rabo. ¿A qué esperáis? No me gusta el género al que pertenezco. Me avergüenzo cuando alguno se cree con el derecho de invadir vuestra intimidad con un piropo, o que para que no piséis un charco el hombre sólo ponga su chaqueta cuando, por justicia, lo que tendría que hacer es tirarse en plancha y poner su pecho desnudo para ser pisado por unos zapatos de tacones tan finos como estiletes. Aún hoy en día, a las puertas del tercer milenio, al salir de paseo matrimonios juntos, parejitas o cuadrillas de jóvenes, los machos siguen yendo por delante controlando el territorio y hablando de cosas de “caballeros” (fútbol, hacienda, el coche, trabajo, política barata, ordenadores, chicas y bravuconadas sexuales), mientras que las mujeres, por detrás, hablan de “sus cosas”. A mí nunca me veréis en el grupo de cabeza, prefiero la palabra de una mujer al discurso de un hombre. No sabéis lo que me hubiera gustado haber nacido mujer y, por supuesto, ser lesbiana.” 

Álvarez Rabo en el prólogo de A las mujeres no les gusta follar.