Como saliva en una plancha

La Nastassja Kinski de Corazonada (1982) me explica que seguramente aquello que pretendía Coppola lo remató con éxito (comercial) veinte años después Baz Luhrmann en su Moulin Rouge (2001). Lo que nos lleva a confirmar aquello de que lo que sueña un hombre, por muy inverosímil que parezca, algún día lo acabará realizando otro. Pese a todo me sigo quedando con la corazonada de Coppola por su atrevimiento y por su locura y sobre todo por inmortalizar a una Leila capaz de desconectarme cuando pronuncia aquella palabra mágica: abracadabra.