Si esto no es bonito…

Cuando yo volví de la segunda guerra mundial, mi tío Dan me dio unas palmaditas en la espalda y me dijo: “Ya eres un hombre.” Por eso le maté. Bueno, la verdad es que no lo hice, pero les aseguro que tuve ganas. Dan era mi tío malo, el que dijo que un varón no se hace hombre a menos que haya ido a la guerra. Pero también tuve un tío bueno, mi difunto tío Alex. Era el hermano pequeño de mi padre, un licenciado en Harvard sin hijos que se ganaba el pan honradamente vendiendo seguros de vida en Indianápolis. Había leído mucho y era muy sensato. Su principal queja sobre los demás seres humanos era que, cuando son felices, pocas veces se dan cuenta. Por eso cuando bebíamos limonada a la sombra de un manzano en verano, por ejemplo, y hablábamos ociosamente a cerca de esto y de lo otro, zumbando casi como abejas, el tío Alex interrumpía de pronto la agradable charla para exclamar: “Si esto no es bonito, no sé qué puede serlo.” Y ahora yo hago lo mismo, igual que lo hacen mis hijos y nietos. Y, por favor, les insto también a ustedes a fijarse en los momentos felices y a exclamar o murmurar o pensar: “Si esto no es bonito, no sé qué puede serlo.”

Un hombre sin patria (Kurt Vonnegut).