Todo Terrence Malick (cabe en un fin de semana)



Aunque sus obras siempre vayan acompañadas de una voz en Off que puede agotar a los diez minutos, cada film de Malick contiene, al menos, una secuencia magnífica. Malas Tierras (1973): Martin Sheen y Sissy Spacek se han instalado en el bosque. La paz se trunca ante la presencia de unos cazarecompensas. Preciso montaje y preciosa música. Días del cielo (1978): Aparece una langosta. Luego otra, y luego otra. Y llega una plaga. Una cosecha destrozada y una noche de fuego. La Delgada línea Roja (1998): Toda la milimétrica conquista de la colina. Los soldados avanzan y mueren, mientras la steadycam de Malick nos introduce en una maleza llena de miedos y enemigos. Aunque su poesía de selva frene a más de uno, su visionado resulta obligado. El Nuevo Mundo (2005): La historia de amor con Pocahontas nos hace perder la paciencia, pero la emotiva partitura de James Horner salva el asunto y alcanza su mejor momento en la liberación de Colin Farrell. A la espera de su árbol de la vida, nos quedamos con sus malas tierras y su delgada línea roja.