29 de diciembre de 2008

Ma Mère (y luego os quejáis de vuestra madre)

Si escribes un personaje frío, retorcido y perverso no tienes más remedio que llamar a Isabelle Huppert. Michael Haneke nos regalaba a una terrible Huppert en La Pianista (2001) y Christophe Honoré completa la doble sesión con Ma Mère (Mi madre,2004). La Huppert es la madre. Louis Garrel es el hijo. Se huele el mal rollo y la tragedia. Uno de los mejores instantes que filma Honoré es el plano secuencia-bajo-lluvia que interpreta un sacrificado Garrel. Por cierto, después de Soñadores (2003), ¿Louis Garrel tiene alguna cláusula en su contrato que le exige masturbarse en cada película?.

“Como ellos no quisieron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente depravada para hacer cosas que no deben. Están atestados de toda injusticia, perversidad, avaricia y maldad. Están llenos de envidia, pensamientos homicidas, contiendas, engaños y perversidades. Son murmuradores, calumniadores, enemigos de Dios. Ésos que conocen el juicio de Dios y siguen practicando tales cosas son dignos de muerte. No sólo las hacen, sino que también se complacen con quienes las practican”

Recuperando unas bonitas fotos con Brian De Palma


1) Brian de Palma con Steven Spielberg y su (por entonces) mujer Amy Irving. La actriz rodó con De Palma Carrie (1976) y La Fúria (1978). Spielberg se dejo una pasta gansa con el divorció de Irving. 2) Nancy Allen, John Travolta y De Palma rodaron en 1981 la estupenda Impacto (Blow-Out). Nancy Allen fue compañera de Brian y antes de ese impacto rodaron juntos Home Movies (1979) y Vestida para Matar (1980).
3) Con Melanie Griffith con la que rodó la magnífica Doble Cuerpo (1984) y la maltratada La Hoguera de las vanidades (1990).
4) Con Danny De Vito, al que dirigió en la divertida Wise Guys (1986). Bajo la mesa, De Vito agarra los testículos a un sacrificado De Palma.

23 de diciembre de 2008

Cuando Guy Hamilton dirigió a un tipo desarmado y peligroso!


La saga-superheroe no llegó a materializarse pero Guy Hamilton (Goldfinfer) consiguió un film de culto con el (siempre) estupendo Fred Ward. Fotos: Joyce Rudolph


El veterano Guy Hamilton dirigiendo Remo: desarmado y peligroso (1985). Fotos: Adger W. Cowans

Adiós a Robert Mulligan (1925-2008)

Herman Raucher escribió la novela. Robert Mulligan dirigió la película. Michel Legrand se ocupó de la preciosa música. Un verano. Unos amigos. Una mujer madura. Verano de iniciación. Verano del 42. Esta es la nota final que aparece en la novela de Raucher.

Querido Hermie:Debo marcharme a mi casa enseguida. Creo que lo comprenderás. Son muchas las cosas que tengo que hacer. No voy a tratar de explicar lo que ocurrió anoche, porqué sé que con el tiempo tú hallarás la forma adecuada de comprender lo ocurrido. Lo que voy a hacer es recordarte siempre y rogar para que puedas librarte de todas las tragedias inútiles. Te deseo lo mejor, Hermie, sólo cosas buenas. Siempre te recordaré. (Dorothy)

17 de diciembre de 2008

Aparte de de drogarse y beber, Sam Peckinpah dirigía películas

Con William Holden en Grupo Salvaje (1969) - Con Susan George en Perros de Paja (1971)

Con James Coburn en Pat Garrett y Billy The Kid (1973) - De nuevo con Coburn en La Cruz de Hierro (1977)

Sam Peckinpah, la cruz de hierro y su cita final

"No os regocijéis en su derrota.
Por más que el mundo se mantuvo en pie
y paró al bastardo,
la perra de la que nació está en celo otra vez"

Bertolt Brecht
La resistible ascensión de Arturo U

Desesperadamente desesperada. La Cruz de Hierro (1977)

Lo mejor de “My Blueberry Nights” es…


Wong Kar-Wai empieza a chochear.
Afortunadamente aparece el gran David Strathairn y salva el asunto (parcialmente…)

11 de diciembre de 2008

Cuando Terence Hill fue “El Superpoderoso”


Volvemos al videoclub. Entre hostia y hostia, el dúo Spencer-Hill se separaba y cada uno protagonizaba en solitario algún título. El bueno de Bud protagonizó la lacrimógena y cursi a rabiar El sheriff y el pequeño extraterrestre (1979) así como las paridosas Banana Joe (1981) y Aladino (1986). Su colega Terence Hill no se quedó atrás y se reunió de nuevo con Sergio Corbucci para protagonizar un film delirante hasta extremos insospechados. No puedo sino escribir desde un profundo e irracional afecto hacia el Poliziotto superpiù, Super Fuzz, Super Snooper…que entre nosotros se llamó El Superpoderoso (1980). Lo mejor es su planteamiento: El policía Dave Speed viaja en canoa hasta una reserva India para entregar una multa. Cerca de la reserva, un misil explota y las radiaciones dan por muerto al policía. Pero no sólo no muere sino que adquiere unos superpoderes que usará para luchar contra una banda de falsificadores. Nuestro superpoderoso adelanta coches, sube escaleras velozmente y detiene balas con los dientes. Pero ahhhh...en ocasiones su poder queda anulado sin conocer el motivo. Superman se debilita ante la kriptonita y el Superpoderoso se cancela ante… (ahhh, hay que verla).

Lo más sorprendente del film es la insólita buddy-movie creada entre Terence Hill y su compañero, el mítico y (casi) siempre cabreado Ernest Borgnine. No sabemos como llegó a parar Borgnine en el film pero le suponemos todo tipo de deudas pagadas con este delirio. El final, con el enorme chicle usado como globo, no puede describirse con palabras. Pero lo mejor, quiero decir lo mejor de lo mejor, es la pegadiza coletilla que suena cada vez que aparece un superpoder: Super, Super…Super, Super Snooper

10 de diciembre de 2008

Mary Ellen Mark se cuela en el plató

Francois Truffaut en el set de La Sirena del Mississippi (Grenoble, France 1969)
Federico Fellini en el set de Satyricon (Roma, Italia 1969)

Bob Fosse (Manhattan, New York, USA 1979) - Paul Verhoeven en el set de Showgirls (1995)
Más en la página oficial de Mary Ellen Mark

3 de diciembre de 2008

Letanía del odio (por Robert Crumb)

Soy una persona tremendamente negativa, siempre lo he sido. ¿Nací así? No lo sé, pero vivo asqueado por una realidad que me horroriza y me asusta. Me aferro desesperadamente a las pocas cosas que me reconfortan, que me proporcionan algún alivio. Detesto a la humanidad en su conjunto. Puedo sentir un fuerte cariño por determinados individuos, pero el género humano sólo me infunde desprecio y congoja. Odio casi todo lo que pasa por civilización. Odio el mundo actual, entre otras cosas porqué está atiborrado de gente. Odio las hordas, las multitudes de esas inmensas ciudades llenas de vehículos abominables, de estruendo, de ajetreo incesante y absurdo. Odio los coches y la arquitectura moderna. Pienso que todo edificio construido después de 1955 debe ser derruido.

Aborrezco la música popular contemporánea. No hay palabras para describir lo que me crispa los nervios su falsa, petulante y vacua fatuidad. Odio los negocios y el contacto con el dinero, uno de los inventos más repulsivos de esta especie humana. Odio la cultura mercantil en que todo se compra y se vende sin dejar piedra por mover. Odio la comunicación de masas y cómo la gente se deja subyugar por ella. Odio tener que levantarme cada mañana para encarar otra jornada de demencia. Odio la obligación de comer, cagar o mantener mi cuerpo. Odio mi cuerpo. Me horroriza pensar en sus órganos y funciones internas, en el cerebro o la digestión, en el sistema nervioso. La naturaleza es una atrocidad, no me parece ni grata ni benigna. Todo estriba en morir o matar. El mundo natural es un mundo muy peligroso repleto de fuerzas y bichos temibles, criminales. Odio el funcionamiento de la naturaleza. El sexo es particularmente execrable y pavoroso. El macho penetra con su verga el orificio de la hembra, la fecunda, otro ser aparece dentro de ella y esta habrá de soportar un penoso suplicio cuando la nueva criatura empuje para salir al exterior con el único objeto de repetir más tarde el mismo ciclo. ¿Acaso hay algo existencialmente más nauseabundo que la reproducción?.

¡Cómo detesto la parada nupcial!. Siempre he aborrecido mi propio apetito sexual, que cuando era joven nunca me daba tregua. Estaba constantemente acuciado por la frustrada manía de hacer con (y a) las mujeres cosas estrambóticas y censurables. Mi conciencia vivía por ello en un conflicto permanente que jamás fui de capaz solventar. La vejez es el último alivio. Odio el mecanismo del alma humana, la manera cómo nos traumatiza y nos marca estúpidamente en la primera infancia para pasar el resto de nuestras vidas tratando se supera esas fijaciones pueriles sin llegar nunca a culminar la empresa. Detesto la religión organizada. Odio a todos los gobiernos: no son más que juegos de poder ejecutados por ambiciosos sin escrúpulos ejecutados sobre las espaldas de los pobres, los débiles y lo niños. Somos una cáfila de chulos y matones. Los adultos se meten con los niños y los niños mayores con los más chicos: los hombres avasallan a las mujeres y los ricos a los pobres, todos quieren imponerse. Aborrezco el culto humano al poder, uno de los rasgos humanos más abyectos. Me repugna la inclinación de los hombres por el desquite y la venganza. Odio ver como seres humanos tratan de engañar el prójimo, cómo estafan, timan, embaucan y se aprovechan del ingenuo, el incauto o el ignorante. Detesto las conversaciones huecas, artificiosas y banales que prodigan la gente. A veces me asfixian de tal modo que huir lo más lejos posible. Mi propia condición humana cosiste sobretodo en odiar lo que soy. Cuando de pronto advierto que soy uno de ellos, un alarido me viene a la garganta.

“El infierno son los otros” (Jean Paul Sartre)
“El infierno también es uno mismo” (Robert Crumb)

1 de diciembre de 2008

Nieve, dinero y ola de crímenes

El interior de un coche siempre es buen lugar para las confesiones. En Un plan sencillo (1998), los dos hermanos hablan sobre el futuro. Hank (Bill Paxton) le pregunta a Jacob (Billy Bob Thornton) sobre Carrie Richards, una chica de la escuela.

“Sus amigos habían apostado 100 pavos, entre todos, a que no se atrevía a salir conmigo un mes. No estuvo tan mal, la verdad, fue bastante chulo, solíamos pasear juntos un montón, ya sabes, dábamos paseos, ¿sabes?, y hablábamos de todas clase de cosas chulas. Una vez, la cogí de la mano, íbamos paseando y la mano me sudaba tanto que tuve que soltarla, estaba nervioso supongo, pero estuvo bien. Al terminar el mes, ella me saludaba a veces por los pasillos al verme, no tenía porqué hacerlo, fue chulo. Dios, ¿sabes?, nunca he besado a una chica, ¿sabes que?, si siendo rico eso cambia yo me apunto, me da igual, solo quiero sentirlo, solo quiero saber que hace la gente, me da igual que sea por el dinero.”

Sí la película de Sam Raimi es buena la novela no se queda corta. No diré me-gustó-más-el-libro ni nada parecido, pero Scott B. Smith (autor del libro y del guión para el film) escribe una escena que hubiera sido una delicia en manos de señor Raimi. Spoiler Brutal: En el film, a Hank le comunican que la policía apuntó los números de serie de todos los billetes que pudieron. Así que Hank quema el dinero para no ser descubierto y todo vuelve a la normalidad del pueblo. Fin. Pero en el libro hay un último giro acojonante: Tras la escena del tiroteo final, todo parece cuadrar para disfrutar del dinero. Pero mientras a Hank le comunican lo del dinero marcado, a su mujer no se le ocurre otra cosa que comprar una botella del champán más caro. Cuando Hank se entera no tiene otra opción que buscar al vendedor del champán y eliminarlo para conseguir los billetes que le delatarían. Pero entra un cliente en la bodega y Hank debe tomar otra decisión. Gran libro el de Scott B. Smith. Gran film el de Sam Raimi.

Blue Collar (o la opera prima de Paul Schrader)

A Paul Schrader (1946) le debemos muchas cosas. Cómo guionista le debemos que Robert Mitchum utilizara una katana en Yakuza (1974), que Brian de Palma perpetrara su particular Vértigo en Obsession (1976) y sobretodo: Que Martin Scorsese filmara cosas como Taxi Driver (1976), Toro Salvaje (1980) o la infravalorada (pero excelente) Bringing Out the Dead (1999). Su faceta como realizador no está demasiado valorada y rara vez se le menciona, pero aunque no lo parezca Paul Schrader es director de cine. George C. Scott buscaba a su hija desaparecida en Hardcore, un mundo oculto (1979), Richard Gere buscaba fortuna a ritmo de Blondie en American Gigoló (1980), un estupendo Willem Dafoe se reunía con una no menos estupenda Susan Sarandon en la estupenda Posibilidad de escape (1992), Nick Nolte se arrancaba una muela y de paso le daban el Oscar a James Coburn en Aflicción (1998), y Greg Kinnear con el habitual Dafoe descubrían las utilidades de una cámara de video en Autofocus (2002). A falta de visionar otros de sus títulos, cae en mis manos Blue Collar (1979), su opera prima. La llaman irregular, pero a mí me parece un debut fantástico, con unos actores emblemáticos: el malogrado Richard Pryor, el siempre duro Harvey Keitel y el mítico Yaphet Kotto. Tres amigos trabajan en una cadena de automóviles. Hay deudas y están apurados. Además están asqueados con el sindicato que debería protegerles. Un día, a Zeke (Richard Pryor) se le ocurre una idea. Y hay empieza todo. A destacar el personaje de Smokey (Yaphet Kotto), un ex presidiario filósofo:

“Enfrentan a los veteranos contra los novatos, los jóvenes contra los viejos, los negros contra los blancos, para mantenernos a todos en nuestro lugar”