30 de septiembre de 2008

Brian de Palma y los chicos con corazón de hierro

Corazones de hierro (1989) debe ser la película de Brian de Palma más dolorosa de ver. (Lo de La Dalia Negra (2006) lo es por otros motivos.) Tal y como cuenta el propio cineasta el rodaje fue...

Sean Penn se pasaba el tiempo incordiando a Michael J.Fox. ¿Recuerdan el final de la secuencia del juicio, cuando Sean le susurra al oído una palabras amenazadoras a Michael?. En una toma creo que le dijo: “So estrella de televisión”. Y en todas las demás algo asó como: “Me he follado a tu mujer varias veces y ahora te va a tocar a ti”. En todas las tomas, Michael tenía la misma cara de terror, como si estuviera diciendo: “¡Dios mío!, ¿qué me va a hacer ahora este tío?”. Sean estuvo jugando al individuo peligroso hasta el final. Michael no sabía nunca por dónde iba a salir (...). Sean se ensañó con el actor portorriqueño John Leguizamo, que hace el papel de Díaz. Era su primer papel en el cine. Nunca se me olvidará esa escena en que Sean lo zarandea y le manda que mate a la chica. Le dio tantas bofetadas que aquello no había quien lo aguantara. “¡Mátala!,Mátala!” repetía como un chiflado en todas la tomas. Corazones de Hierro fue una película difícil de dirigir. Aún hoy, sólo con acordarme un escalofrío me recorre la espalda.”

Brian de Palma por Brian de Palma (Alba Editorial)

28 de septiembre de 2008

Paul Newman (1925-2008): Hasta siempre


Afortunadamente, queda mucho por visionar (y revisionar), pero en este momento mis 3 inolvidables son:
Luke en La leyenda del indomable (1967), Butch Cassidy en Dos hombres y un destino (1969) y (mi favorito)
Henry Gondorff en El Golpe (1973). De su etapa veterana no puedo olvidar su revisión de Eddie Felson con El Color del dinero (1986), su participación con los Coen en El Gran Salto (1994) y sobretodo ese Camino a la perdición (2002) como elegante despedida.

19 de septiembre de 2008

Ben Stiller y Pelham 1-2-3

“Recuerdo que mi padre tenía un papel en Pelham 1,2,3, y una noche lo acompañé al plató. Tenía una escena con Walter Matthau en la caseta del peaje del puente de Triborough de Nueva York. En esa ocasión rodaron una sola escena durante toda una noche, y recuerdo que me resultó muy emocionante, a pesar de que me parecía que hacía demasiado frío para pasarnos toda la noche en ese lugar repitiendo una y otra vez. Era 1974, y tenía alrededor de nueve años, pero ya pensaba que era maravilloso, y que quería trabajar en eso.”

Lo cuenta Ben Stiller. Su padre, Jerry Stiller (foto) interpretaba a Rico Patrone, el teniente de operaciones del Metro. Posteriormente también ha aparecido en una cinta de su hijo: la imprescindible Zoolander (2001). Ahora que Tony Scott ultima su remake, Pelham 1-2-3 (1974) vuelve a nombrarse. Vean el remake, pero sobretodo vean el increíble film original que dirigió Joseph Sargent. Ya tardan.

Martin Sheen y el espejo de Apocaypse Now

“Yo era un alcohólico y aquel primer día de rodaje había estado bebiendo todo el día. La secuencia se rodaba al anochecer y, en ella, tratábamos de explicar al público lo difícil y desagradable que resulta matar a la gente. El personaje que yo interpreto es un asesino profesional, es un soldado norteamericano distinto a los demás. No era John Wayne. Mataba a la gente, a veces incluso con sus propias manos, pero eso no tiene nada de patriótico e intentábamos encontrar el modo de mostrar su culpabilidad, el odio que sentía hacía sí mismo. Por este motivo, empecé a afectar algunos movimiento de kárate ante un espejo, a partir de la fantasía de que es un muy difícil ver una imagen de de ti mismo, y que los luchadores de kárate practican esa técnica para mejorar sus reflejos. De pronto, pegué un golpe, el espejo se rompió y empecé a sangrar por los dedos de una mano. En la situación en la cual yo estaba inmerso eso era algo simbólico y Coppola intento detener la escena, pero yo insistí en que la cámara siguiera rodando porqué al margen de la película, también se trataba de mí mismo luchando contra los demonios del alcoholismo. Eso puede oírse en el documental (En el corazón de las tinieblas) puesto que yo sabía que estaban rodando, pero nadie me dijo que también estaba abierto el sonido. Al principio fue muy doloroso volver a verlo, pero después lo agradecí porqué para mí fue una especie de catarsis.”

Martin Sheen a Esteve Riambau, Sitges 1997, (Francis Ford Coppola, Ed.Cátedra).

9 de septiembre de 2008

Rita Hayworth y la redención de Shawshank

Cadena Perpetua (1994) me volvió loco desde el primer momento. Y creo que les pasó a muchos. El IMDB es un buen termómetro y (aunque pueda parecer exagerado para algunos) el film sigue el primero entre las 250 mejores de todos los tiempos. Desde hace años intento dejarla descansar un tiempo para no agotar su arrolladora narración, pero la novela corta de Stephen King contiene un fragmento que me entusiasma:

“¿Cuántas noches pasaría despierto tendido en la litera bajo el cartel, pensando en aquella alcantarilla, sabiendo que era su única posibilidad?. He aquí una ironía aún más divertida que la de la libertad vigilada: Andy se mete en el conducto del albañal, repta a lo largo de sus quinientos metros de asfixiante y hedionda oscuridad y se topa al final con una gigantesca alambrada que la sella. Ja, ja muy divertido, sí.”

8 de septiembre de 2008

Me gusta, no me gusta (por Luis Buñuel)

Jean-Pierre Jeunet iniciaba su espléndida Amelie (2001) mediante los sencillos “le gusta, no le gusta”, un recurso que describía perfectamente a los personajes del film. Veinte años antes, Buñuel publicaba Mi Último Suspiro (1982), las magnificas memorias que escribió junto a Jean-Claude Carrière. Vale la pena todo el libro pero los fragmentos de sus gustos y fobias son especialmente divertidos:

Me gusta comer temprano, acostarme y levantarme pronto. En eso soy completamente antiespañol”. “Me gusta el ruido de la lluvia. Lo recuerdo como uno de los ruidos más bellos del mundo. Ahora lo oigo con un aparato, pero no es el mismo ruido”. “Detesto el pedantismo y la jerga. A veces, he llorado de risa al leer ciertos artículos de los Cahiers Du Cinema. Me invitan a una escuela de cine. Le pregunto a un profesor qué enseña. Me responde: La semiología de la imagen clónica. Lo hubiera asesinado”. “Me gustan mucho las películas de Renoir hasta la guerra y Persona de Bergman. De Fellini me gustan La Strada, Las noches de Cabiria y La dolce vita. Con Casanova me salí mucho antes del final”. “Me gustan los bastones-espada. Poseo media docena de ellos. Cuando voy paseando, me dan sensación de seguridad”. “Amo la soledad, a condición de que un amigo venga a hablarme de ella de vez en cuando”.

“Woody Allen me propuso interpretar mi propio papel en Annie Hall (1977). Se me ofrecían treinta mil dólares por dos días de trabajo, pero debía permanecer una semana en Nueva York. Tras algunas vacilaciones, rehusé. Finalmente fue Marshall McLuhan quien interpretó su papel, en el vestíbulo de un cine. Vi la película más tarde, y no me gustó mucho”.

6 de septiembre de 2008

La adolescencia de Ingmar Bergman

Ingmar Bergman en Time (1960)
Siempre me han conmovido varios textos de Linterna Mágica (1987), una de las memorias del maestro sueco.

“La chicas tenían tetas, caderas, culos y alegres risas burlonas. Yo me acostaba con todas ellas en mi cálida habitación de la buhardilla, las torturaba y las despreciaba. Como faltaban muchachos para el baile de los sábados, me perdonaban la vida y me dejaban ser uno más, pero no me atrevía a tocar las chicas porqué inmediatamente se me empinaba. Por si fuera poco, no sabía bailar y no tardé en ser arrinconado. Amargado y furioso. Herido y ridículo. Aterrorizado y encerrado en mi mismo. Repugnante y lleno de granos, Así era la adolescencia modelo burgués el verano de 1932. (…) Ya no tenía palabras, empecé a tartamudear y a comerme las uñas. El asco que sentía por mi mismo y por el hecho mismo de vivir me ahogaba. Andaba encogido, con la cabeza gacha, lo que me valía continuas reprimendas. Lo curioso es que nunca puse en cuestión mi miserable vida. Creía que tenía que ser así.”

“No reconozco a la persona que era yo hace cuarenta años. Mi desagrado es tan grande y el mecanismo de rechazo ha funcionado con tanta eficacia, que difícilmente puedo vislumbrar la imagen. A este respecto, las fotografías no ayudan demasiado. Solamente nos muestran una persona disfrazada, alguien bien atrincherado. Si me sentía atacado respondía mordiendo como un perro asustado. No confiaba en nadie, no amaba a nadie, no echaba de menos a nadie. Estaba dominado por una sexualidad que me obligaba a incesantes infidelidades y acciones compulsivas, torturado constantemente por el deseo, el miedo, la angustia y la mala conciencia."

The Goodfather vs The Goodfellas

Me costaba decidirme hasta hace poco. Si me lo hubiera planteado hace un mes me hubiera quedado con la obra de Scorsese. Pero hacia tiempo que no veía El Padrino (1972). Y ahora sé porqué hacia tiempo no veía el film de Coppola. Ahora lo tengo claro. Es tan y tan perfecto que resulta demasiado delicado. Como un tema de Maurice Ravel o Sergei Rachmaninov, un film tan impecable y jodidamente bello no puede verse hasta la saciedad y el desgaste. O al menos yo no puedo. Con Uno de los nuestros (Goodfellas, 1990) me ocurre todo lo contrario. Ver el film de Scorsese es como escuchar ese disco de los Rolling que tanto y tanto te gusta. Puedes ver fragmentos sueltos, ya sean los planos secuencias o los frenéticos montajes del clímax. Esa es la otra diferencia. Durante El Padrino no llegas a ver nunca a Coppola y sin embargo está en cada decisión. En Goodfellas ves constantemente a Scorsese detrás de la cámara. Y, al contrario que muchos, no me parece un defecto, es sólo una opción. Una opción que realiza cómo pocos. Así que si quiero presenciar un concierto rock y flipar un rato me decanto por los chicos del tío Marty. Pero siempre tendré ese concierto, o mejor aún, siempre tendré el delicado vino de Coppola en la despensa. Porqué cada vez que lo pruebas te para el corazón.

2 de septiembre de 2008

Solondz y la revolución de los novatos

El apasionado Peter Biskind lo cuenta en su apasionante libro Sexo, mentiras y Hollywood (2006):

“En la escuela de cine, Todd Solondz hizo un cortometraje gracias al cual firmó con Fox un contrato por tres películas. Fox quería que dirigiese La revolución de los novatos III (1992). No hace falta decir que Solondz se negó, tras lo cual regresó a Nueva York, donde hizo una película cuyo título parece resumir su visión del mundo: Miedo, ansiedad y depresión (1989). Solondz detestó tanto esta película que decidió dejar de hacer cine. No volvió hasta 1995 con Bienvenidos a la casa de muñecas. La poco atractiva apariencia y la torpeza de Solondz en los deportes hicieron de él un clásico pringado, y él supo transformar el dolor de su adolescencia en una visión cáustica y a menudo implacable de la clase media americana de finales del siglo XX. Bienvenidos a la casa de muñecas obtuvo el Premio del Gran Jurado en el Festival de Sundance. En un principio, Solondz había querido titularla Faggot and Retards (Maricas y retrasados), un título que captaba a la perfección el ambiente de la película. Y ése fue, por supuesto el problema. Harvey Weinstein quería volver a filmar el final, para suavizarlo. Solondz se negó y todo quedó ahí.”

*Bonustrack de Rumore-Rumore: Life During Wartime (2009)